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BELEN ORIGINAL EN BABILAFUENTE. Hecho con mazorcas de maíz

Tere Marcos ha hecho un original belén que está encantando a los vecinos de Babilafuente.

«Villancicos de maíz en Babilafuente»

Texto de Quintín García.

Anda Mariano, agricultor en Babilafuente, cosechando deprisa el maíz –“otro año de precios bajos”-  por si entra un tiempo de lluvias continuadas y no les deja rematar la cosecha. Y mientras, su mujer, Tere Marcos, que regenta una tienda de ultramarinos de las de antes de los supermercados –la tienda de Joaquina sigue diciendo la gente-, ha ido componiendo a ratos con los diversos materiales de la planta del maíz –hojas, tallos, los granos amarillentos, las espigas, y hasta esas barbas pardas y fibrosas del penacho de las mazorcas- un nacimiento precioso, delicadísimo.

Llama la atención a quienes acudimos a comprar las viandas de cada día cómo las manos de artista de Tere han sido capaces de domar los materiales vegetales, tan frágiles, para componer las diversas escenas  y personajes del nacimiento tradicional: la castañera, los niños jugando al corro de la patata, el segador, la espigadora, el labriego, la bolillera, la lavandera, el pozo, las orientales palmeras… Y por supuesto el portal de Belén con su María, José y el Niño, que me evocan, además de a los agricultores de estas tierras de Las Villas, a los hombres y mujeres de la lejana cultura del  maíz en las tierras andinas (Hombres de maíz, aquella novela del Nobel Miguel Ángel Asturias que leímos cuando jóvenes).

El Nacimiento de Tere este año montado entre sacos de garbanzos y lentejas de La Armuña en la vieja tienda de ultramarinos es, salvadas las distancias claro, como El Himno de la alegría, esa composición excelsa de sonidos y armonías  de Ludwig Van Beethoven, compuesta ahora y aquí, en Babilafuente, con formas y evocaciones vegetales. Mejor dicho: es como si cada figura del nacimiento estuviera entonando un villancico de maíz, compuesto con armonías silvestres. Más aún:  es como si todas las tierras sembradas de maíz –aquí, en los regadíos de Las Villas, y allá, en las lejanas tierras andinas- entonaran un Himno de la alegría al Niño que nace en cada cosecha si el pan es repartido y justo. Y si la paz es construida por los hombres de buena voluntad.

Quintín García

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