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ERES GRANDE HASTA EN LA ADVERSIDAD.

Corrían los primeros años de la década de los 80. Por aquel entonces, un equipo casi recién nacido, que todavía andaba en pañales, se proclamaba campeón de la segunda provincial federada salmantina y, días más tarde, subcampeón del trofeo Galleguilos, en el que se enfrentaban los cuatro mejores equipos de las principales categorías de la provincia.

Al frente de ese equipo se encontraban Tito y Benito de la Iglesia (a la par que entrenador, compañero de trabajo en alguna ocasión y de alguna que otra aventura festiva). Casi siempre, cuando la ocasión lo permitía, Benito iba acompañado de un chavalín de cuatro o cinco años, pelo corto, castaño y media melena que, cada vez que tenía oportunidad en los entrenamientos, o descanso de los partidos, le pegaba al balón, utilizando la zurda, con una habilidad impropia de su edad. Ya apuntaba maneras.

Ese chavalín era David de la Iglesia Cascón, alias Cordo, que fue desarrollando su afición por el fútbol jugando en Villoria,en los juegos escolares y después en al Santa Marta infantil hasta que, con 15 años, fichó por el Salamanca, donde pasó por las categorías de cadete, juvenil y el Salmantino de Tercera División. El Binéfar de Huesca, el Pájara-Playas de Jandía y el Guijuelo, equipos todos ellos de Segunda B.

Al final de su carrera deportiva como profesional, el fútbol siguió siendo su pasión, está vez de vuelta a casa, como entrenador del Promesas y como jugador y director deportivo del F. C. Villoria. Con 46 años seguía dándolo todo.

Ayer el F. C. Villoria volvía a jugar un partido especial. Se jugaba el campeonato de la categoría, y él quería estar, quería poner a disposición del equipo sus conocimientos, su garra, su veteranía y sus galones de jugador curtido en mil batalla para lograrlo, y a fe que lo consiguió, aun cuando tuvo que pagar por ello un alto precio.

Anoche, esa larga y dolorosa noche que pasó después de conocer el grave alcance de tu lesión: rotura (no limpia) del peroné, todavía tuviste la grandeza de enviarme un Wasapp , bien entrada la madrugada, para acordarte de la afición y de los incondicionales (Manolo, Vasco, Bernard … Y de otros muchos difíciles de recordar) que, aguantando frío y calor, están presentes en la banda apoyando al equipo.

Esta maldita lesión ha terminado con tu dilatada carrera como jugador pero, estoy seguro, que no ha puesto fin a tu afición y tu amor por el fútbol, y mucho menos a tu compromiso con este deporte en nuestro pueblo, porque, como tú querido y añorado padre, lo llevas en las venas.

Mucho ánimo y que tu recuperación sea lo más rápida y lo menos dolorosa posible. Eres grande, capitán.

SPP

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