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LA HISTORIA DE UN PUEBLO Y UN CUENTO DE GATOS

Así terminamos hoy la jornada, con una historia y un cuento. Una historia para los mayores plasmada en el libro VILLORIA, UNA VILLA EN EL CORAZÓN DE UNA VEGA, escrito por Ramón grande del Brío, doctor en historia por la Universidad de Salamanca. Este libro fue editado en 1999 y en el encontramos recopilados aspectos muy interesantes de la historia, la geografía y la fauna de nuestro pueblo. Han pasado ya 21 años desde su publicación. La vida en nuestro pueblo ha cambiado y mucho; su historia, como lo de todos los pueblos se sigue escribiendo día a día, pero lo esencial sigue estando igual o parecido.

Y un cuento para los pequeños, un regalo para ellos, ahora que están a punto de poder salir a la calle después de tantos días encerrados en casa. Muchos tenéis animales de compañía en casa y sabéis el cariño que se les acaba cogiendo. Al final son como uno más de la familia. En este caso son dos gatitos. Una entrañable historia con nombres propios que nos envía nuestra vecina Oliva S.C.

 

DOS GATITOS ENFERMITOS

 

Mozart, un gatito recogido en el campo por Manuel, voluntario en un refugio de perros. (El gatito allí no podía estar). Lo llevó a su casa hasta que lo pudieran adoptar.

Venía muy, muy malito. Como ya teníamos otro gatito, le tuvimos que aislar, en una habitación apartada, no habitada.

Mª Tere que para esto tiene muchísima paciencia, con medicinas, comida y cariño, poco a poco se fue recuperando. Desde entonces nos sale al encuentro, porque él si es agradecido, nos da besos, abrazos y mimos.

Silver es el otro gatito, vive con nosotros hace años. Venía por la tienda, en busca de comida y caricias. Ronroneaba, nos rozaba con su cuerpo, se tumbaba panza arriba, para que le acariciáramos la barriga. Pepe le compró comida, le daba todos los días. Cuando paseábamos, le veíamos por los tejados, peleando, algún gato le atacaba, venía con arañazos.

Llegó el otoño, las noches frías. Me daba pena pensar que sufría. (Yo con la tienda no podía traerle a casa). Mi hermana se negaba con rotundidad. Hace muchos años su gatito Tigre (vivió con ellos 14 años), ya viejito se murió y como sufrió mucho, no lo quería volver a recordar. Yo insistía, veía miedo al miedo. Yo le decía. ¡Sólo por pensar en la despedida, te estás perdiendo, disfrutar de este gatito, es muy cariñoso!

Ya eran fríos hasta los días. Poco a poco la convencía. Por las noches le metíamos en su cochera, después en el portal de casa. Cuando alguna noche no venía, le salíamos a buscar, con tristeza pensando en lo peor. Así ya tomó la decisión de subirle a casa. Veterinario, medicinas, etc.

Ahora es uno más en casa (El rey), es muy cariñoso. Va a lo suyo, te exige cariño, pero cuando no le interesa, te riñe, déjame, como los niños, jajaja. Está muy feliz. Cuando Mozart se recuperó, no le adoptaron, pero nunca le hubiéramos entregado. (Los dos son machos). Poco a poco le bajamos a casa, para que tuvieran contacto.

A Silver le entraron los celos, estaban invadiendo su territorio, su zona de confort, un extraño. Un gatito más joven, juguetón, que le comprometía. Le tratamos con mucho cariño, procurando no acariciar a Mozart delante de él.

Silver se puso tan malito, que estuvo a punto de morir. Se negó a comer. Mª Tere con una jeringa, le obligaba a comer puré. Se le caía el pelo, no podía andar, ni siquiera un paso. Medicinas, etc…

Algunas amigas se reían, porque sufríamos, decían, madre mía, sólo es un gato, pero era nuestro gato. Que nos da más cariño que muchas personas. No entendían que en mi casa somos muy humanos, cuidamos con mucho mimo y cariño a nuestros enfermos, cuando han tenido un accidente grave, a nuestros viejitos, gatitos, plantas… (Como tiene ser).

Nosotros no comprendemos, cómo no lo pueden entender. Si queremos que funcione bien el planeta, así tiene que ser.

Por eso desde que se nace hay que enseñar, la ternura, abrazos, querer, ayudar, la empatía, sonreír, colaborar, dar…

Mozart viéndole malito, le miraba con ternura, ya no le molestaba, le lamía mucho, Silver ya no podía.

Con mucho esfuerzo y cariño, volvió su pelo, fue engordando, recuperó fuerzas. Con el tiempo marcó su territorio, él era el jefe, el mayor. A veces había encontronazos y Mozart corría llorando.

Pasó bastante tiempo y muy preocupados, pensando que Mozart, se tendría que ir de casa. Silver no terminaba de aceptarle. Con lo bueno y cariñoso que era, más todavía que Silver, por nada le queríamos dar.

Poniendo normas, reglas y mucho cariño a los dos, se han ido aceptando. Ahora están juntos, se besan, abrazan, se lamen mucho. Como son muy, muy agradecidos, nos dan mucho cariño.

      Son la alegría de la casa.

OLIVA   S. C.

 

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