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Hay trabajos a los que nadie da importancia hasta que dejan de hacerse.

GRACIAS POR TU LABOR


Hay trabajos a los que nadie da importancia hasta que dejan de hacerse.
Suenan las campanas, es domingo .Como cada día de fiesta nos avisan que van a dar comienzo los oficios religiosos. También las oímos tocar a rebato cuando hay fuego o por algún acontecimiento que requiere la presencia de los vecinos del pueblo o, lo que es peor, cuando doblan para avisarnos que algún paisano nos ha dejado para siempre. Es el lenguaje de las campanas, el que todavía sigue existiendo en zonas rurales y convive con la modernidad e inmediatez de las comunicaciones y de las redes sociales.

Pero para que las campanas suenen necesitan que alguien las toque, como antaño, o que alguien apriete un botón para que se pongan en funcionamiento. En Villoria esta labor la ha estado haciendo desde hace muchos años una mujer. Labor ésta por la que siempre se le ha conocido dejando de lado otras muchas que no hacían ruido, aunque eran mucho más importantes que la de apretar ese botón el día y a la hora que lo requería.

La iglesia de Villoria, nuestra iglesia, ha tenido durante más de 35 años una persona que se preocupaba por su mantenimiento, por su limpieza, porque a diario presentara un aspecto digno, incluso bonito cuando las ocasiones lo requerían. Estas labores sordas que parecía que las tenía que hacer por obligación, cuando en realidad las hacía porque quería, seguro que le han acarreado, en más de una ocasión, enfrentamientos con más de uno, dado su fuerte carácter. Un carácter fuerte que al poco tiempo se diluía como un azucarillo para seguir dejando paso a su constancia y perseverancia en las labores que ella tenía asumidas.

Los duros golpes que le dio la vida encontraron consuelo en su servicio a la comunidad católica de Villoria y, en concreto, a su iglesia. Hace unos días nos llegó la noticia de que la labor que había desempeñado hasta ahora había llegado a su fin. Ni los años pasan en balde ni los esfuerzos se marchan sin dejar huella. Ahora la iglesia no contará con su fiel guardián, la llave que abre y cierras sus puertas cambia de dueño, el dedo que aprieta el botón para que suenen las campanas se toma un descanso. En esta navidad al belén le faltaba una figura. Que los Reyes Magos, en agradecimiento a lo que ha trabajado por su casa y la de todos, le colmen de felicidad a ella y a los suyos.
GRACIAS CONCE

S.P.P.

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