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Cuando una noche de estrellas se convierte en una noche de…LOBOS

Como de costumbre por estas fechas, un año más volvemos a buscar la oscuridad de la noche en los alrededores de Villoria.

Esta es otra más de esas noches mágicas que hay a lo largo del año.
No es que vayamos a recibir regalos como en reyes, ni que sea la noche de las hogueras de San Juan, ni siquiera es la última noche del año, pero esta noche, salimos en busca de estrellas fugaces, o perseidas, o lágrimas de San Lorenzo, que cada uno las llame como quiera, pero de nuevo, salimos.

Llevamos alguna linterna para alumbrar el camino, alguna chaqueta de mano, por si acaso a las afueras hace fresco, y como elemento nuevo e imprescindible debido a esta fatal pandemia que esperemos pronto remita, vamos pertrechados con mascarilla a modo de asalta caminos o bandoleros de la época de Curro Jiménez.

Cada vez es más difícil encontrar la oscuridad total. Supongo que en parte es por la iluminación de los pueblos. Pero también es debido a que Villoria, al revés que otros pueblos que se están despoblando poco a poco y sin remedio, por suerte sigue creciendo y llenándose de vida.

Probamos primero hacia las parcelas.
Caminamos con miedo de pisar una caca de perro abandonada a su suerte por algún descuido casual.
Nos adentramos un poco más que la última vez. Queremos la oscuridad, pero no queremos alejarnos demasiado del pueblo. Tampoco queremos que nos confundan con aquellos que deciden visitar las parcelas en el turno de noche, con dudosas intenciones.

Continuamos nuestra marcha atentos a cualquier ruido raro procedente de las huertas que flanquean el camino.
Lo cierto, es que lo único que se escucha es el alboroto que estamos preparando el grupito de cazadores de estrellas que formamos la «expedición», de los 16 valientes.

» 16 [email protected] quedaron en una calle de Villoria, en plena noche y oscuridad, a las 23:50 horas.
Avanzaban por las sombras tenebrosas, riendo y gritando. Cuando de repente escucharon un aullido (¡auuu!!).
[email protected] se paralizaron y se contaron y numeraron. Ya no eran 16, sino 15. ¡ Hay un hombre lobo entre nosotros que acudió a una cita inesperada!, alguien exclamó.
Entonces, otro aullido se escuchó más cerca, y al momento, alguien dijo: yo también quiero ver las estrellas, que soy el que desapareció porque me moría de vergüenza.
Volvieron a ser 16 y ahora juntos exploraron el cielo.

Caminaban alegres y satisfechos y sucedió algo increíble y fascinante. 3 luces cayeron de una nube, iluminando la oscuridad de rojo, verde y azul. Y de esas tres luces, surgieron 3 rayos orientados hacia el camino de las parcelas.
Los 16 valientes, esperaban ver algo entre los rayos….y así fue. 3 humanoides aparecieron entre los rayos, y dijeron: ‘ kaixo, ¿ qué hay que arreglar aquí?. ‘

Y el hombre lobo dijo, todo está bien.

Eneko(9 años)

Después de un rato observando el firmamento, decidimos buscar otro lugar más oscuro.
Elegimos la carretera hacia Moriñigo, como si fuéramos a ver los fuegos artificiales de las ahora no fiestas de Babilafuente.
Pasado el campo de fútbol la luz escasea, y el suelo arenoso resuena a nuestro paso.

Ese resulta un buen lugar, y estiramos el cuello al máximo elevando la vista al firmamento, con la intención de cazar cualquier elemento luminiscente que se mueva.
Cada vez que alguien ve algo lo anuncia en voz alta a los demás.
A veces las vemos varios a la vez, otras sólo uno y otras……, en fin, yo vi diez ( cinco arriba cinco abajo ), jeje.

Nos damos por vencidos y entre risas, ruidos guturales y más risas, nos volvemos a casa.
Que el próximo año no falte nadie a la cita, y que vuelva a ser tan especial como ésta última.
Al menos a mí, me recordó días de veraneo con mis primas, cuando los niñ@s éramos nosotros.

Roberto

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