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TÚ: YA SIEMPRE ESTARÁS.

Hoy mi aplauso personal ha sido para ti.
Por todos vosotros.
Por las personas que os fuisteis sin poder disfrutar nunca más de vuestros vínculos más enraizados.
Intuí que me estabas oyendo muy lejos de mí, pero la distancia me daba igual, te aplaudí con mucha fuerza, sabía que mis aplausos los escuchabas.
No los di con tanta fuerza como la que tú demostraste durante tantos días, durante tantas horas, durante tantos minutos de ahogo y sufrimiento, por carecer de la ropa adecuada para no contagiarte del Covid 19, por aquellas personas que ya enfermas lo habían contraído, y que tú, vosotros, personal de atención sanitaria, entre sudores, lágrimas de desazón y esfuerzo, todos vosotros, tú, sin rendición ni retirada del frente, te afanabas en cuidarlos para ganar esa encomiable batalla.
Hoy, te doy las gracias en nombre de todas aquellas personas que, al cuidarlas, arriesgaste tu vida sin pensar perder la tuya en tu vapuleada profesión, ni otorgarte el debido reconocimiento tanto a ti, como a los demás compañeros.
Por ello “Gracias”.
Llámense médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, etc, personas todas que se fueron estoicamente, por su dedicación a quienes necesitaban de vuestro servicio en los momentos más cruciales de su deteriorada salud.
Por ello “Gracias”
¿Y ahora qué? ahora, lo peor de todo es seguir en su desconsuelo preguntándose.
¿Dónde los (EPI) de protección?
¿Dónde las batas y gafas?
¿Dónde las mascarillas sin defectos para cubrir su cara?
¿Dónde?.
Ya da todo igual, aunque seguirán reconcomiéndoles por siempre las mentiras y palabras de consuelo a destiempo, de cuantos se afanan a salir en las noticias y la portada de los diarios de tirada nacional.
Mientras, y ya tan solos, hay quien llora con rabia y desconsoladamente la súbita ausencia de su muerte, ente la ira contenida de no poder estar a su lado al espirar su último suspiro de vida.
Y cómo paradoja, ahora sí, ahora ya sí que está envuelto en un plástico altamente hermético y protector, para no traspasar el epidémico virus, del habitual ataúd donde lo trasladan hasta el cementerio.
Ahora tan sólo queda en la mente de quienes lloran su ausencia, el atroz desconsuelo de morir en la más absoluta y aberrante soledad, sin despedirse de quienes fueron su orgullo y fuente de vida.
Hoy mi aplauso ha sido para cuantos se fueron de entre nosotros, conocidos o no, pero con mi reconocimiento personal a su buen hacer, sin medios para protegerse adecuadamente por la ineficacia de quienes en su obligación correspondía ser altamente previsor, y que posiblemente, no supieron estar a la altura de aquellos profesionales que cada día arriesgaron su vida y bienestar.
De ahí mi reconocimiento a cuantas personas siguen en todas las áreas que de alguna manera se ponen al servicio de los demás, ejerciendo su trabajo con extraordinaria profesionalidad, ilusión, eficacia, gratitud y perseverancia.
Por siempre y para todos.
(GRACIAS)
F. Zurdo 28-04-2020

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