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UN CUENTO PARA PENSAR, UNA HISTORIA POR CREAR, SOBRE DEMOCRACIAS Y PARTICIPACIONES CIUDADANAS.

EL BAILE

UN CUENTO PARA PENSAR, UNA HISTORIA POR CREAR, SOBRE DEMOCRACIAS Y PARTICIPACIONES CIUDADANAS.
EL BAILE
El Baile comenzó hace ya muchos años (para algunos veinticinco, aunque para otros sean ya muchos años más).
Fue hace tanto tiempo que algunos ni siquiera sabíamos bailar aún.
Tampoco nadie nos avisó que fuese a ser tan largo, cuando en aquel verano recogíamos las reglas y conocíamos la pista de baile.
Una pista de baile, bonita, nueva, algo alejada, pero muy espaciosa para aquellos años.
Sin esperar mucho tiempo más, comenzó el baile y como he dicho antes, aunque no sepas bailar, ni te gusta, si estas, pues bailas, cómo diría una amiga Argentina, especialista en bailes de salón y fiestas populares.
Al principio aunque fue difícil todas las parejas y grupos de bailes se desenvolvían bien en el espacio, no importaba que tardasen en darles agua para refrescarse o que nunca estuviese la organización para facilitarles el transporte o que la pista estuviese en construcción en sus alrededores. Las parejas y los grupos bailaban con la misma música, una mezcla de flamenco, música obrera y muchas ganas de cambiar el son.
La gente se sentía protagonista y cada paso, vuelta y cambio de música era propiciada por el empuje de las parejas, Así llegaron las mejoras de infraestructuras a aquella pista, siempre se desprendía o se levantaba alguna placa del suelo o alguno de los espacios planificados nunca se llegó a abrir para la gente, pero la pista mejoraba, es más incluso se abrió una escuela para que la gente más joven pudiese ir a aprender. Luego supimos que allí no nos enseñaban a bailar, pero eso es otra historia.

Nadie se esperaba que después de unos años, llegase una crisis que afectó a todas las pistas de baile del país, sobre todo a las que estaban en las periferias de las ciudades.
Fue una crisis dura, la gente no tenía acceso a empleos. La gente joven no encontraba su sitio y la gente más mayor ya no era válida para los ajustes. Y la crisis se hizo más grande. Y antiguos oficios de aquellas parejas de baile, se convirtieron en ilegales si no eras una empresa. Ya no valía, el papel, ni el cartón, ni el vidrio, ni limpiar los portales. Solo valía si eras una empresa de reciclaje, de gestión de residuos, de limpieza y si tenías dinero para montarla. Y aquellas parejas se quedaron sin poder hacer lo que sabían, pero con la necesidad de seguir en el baile, en una pista que se había recargado de cosas materiales, pero que había perdido vida y espacios comunes.
En aquella crisis comenzó a sonar una canción y una música que animaba a bailar solos. Era necesario aprender los pasos de aquel nuevo ritmo la letra de la nueva canción, pero no necesitabas a las otras personas para eso, podías tu solo, y mucha gente se «enganchó» a una música que servía para evadirse, para el empleo, para mejorar individualmente y para hacerte mejorar y pensar en otra pista, en otro baile, que en aquel que habíamos conocido en una tarde de verano.
Esa música también traía una cara B, para aquellas personas que no tuviesen la posibilidad de aprender aquellos pasos, pero si creyesen que bailar solos era lo mejor. En nuestra pista también hubo gente que se apuntó a participar promocionando esa cara b a la gente para que se «enganchase» a la nueva música.

En la pista ya no bailábamos, ya no era un espacio de encuentro de músicas y culturas, era un recipiente de dolor, de huida y de soledad de grupos y parejas que ya no bailarían más.
Y entonces se dio otra crisis, en nuestra pista de baile.
Yo por aquel entonces había aprendido algunos pasos de baile, aprendidos a base de preguntarme cosas, leer y conocer gente que decía que en otros sitios también había pistas de baile y bailes desde hacía mucho más tiempo.
Fue la más dura aunque no nos dimos ni cuenta. De pronto ya no éramos nosotras las que bailábamos en nuestra pista. Las que hacíamos para bien o para mal nuestros pasos, poníamos nuestra música, nuestros cambios. Ahora eran otras personas las que venían a bailar y a ponernos la música. Decían que eran unos ritmos que nos ayudarían. Al principio pensamos que nos ayudarían a recobrar nuestros ritmos antiguos, nuestras antiguas tareas y nuestros espacios compartidos, pero no era ayuda para eso, era ayuda para que pudiésemos bailar la música y los ritmos individuales que sonaban en todas las radios y pistas de baile del país.

Creo que tenían buena voluntad, pero que no sabían tampoco bailar. Había todo tipo de profesionales de bailes distintos, bailadores laborales, de calle, europeos, de inserción, de mediación, del ayuntamiento. Profesionales que no nos preguntaban cuáles eran los bailes que nosotras queríamos o sabíamos. Ellos nos preparaban, nos atendían, nos ayudaban pero nada cambiaba, sobre todo en los grupos y parejas que habían conocido la cara b de esa música que ahora nos querían enseñar como la mejor solución para desenvolvernos en nuestra pista de baile.
Cuando todos estos bailadores profesionales llegaron. Algunas ya habíamos aprendido a bailar de otra manera y no nos valía lo que nos decían. Es más ellos se dieron cuenta y nunca nos invitaban a sus clases, no entrabamos en la categoría de usuarios y beneficiarios aunque bailásemos en la pista de baile que ellos ocupaban durante 8 horas al día.
Algunos de nosotros, acompañados por otra gente que no le gustaba el baile individual o lo que ofrecían en su pista de baile, propusimos bailes grupales, de otra manera de ocio, de otra manera de relacionarnos, de recobrar lo comunitario…. Pero de momento era tarde, la música y el baile eran demasiado conocidos para todos, para que aquello tuviese un hueco. Es más los bailadores profesionales podrían haber ayudado a que recobrásemos nuestro protagonismo en nuestra pista, pero no entendían o no sabían de lo que hablábamos y nunca se salieron de los pasos marcados.

Y algunos sin dar mucha guerra, es verdad, nos alejamos de nuestra pista de baile en busca de otros espacios donde poder practicar eso que habíamos aprendido sin saber bien como, pero ya sin ganas de olvidarlo.
Cada muy poco buscábamos saber que era de nuestra pista y cuando íbamos y nos encontrábamos, poníamos otra música siempre otra música distinta a la que sonaba. Y en nuestras pistas algunos nos dedicamos a denunciar aquella melodía vacía, a visibilizar la cara b y a practicar nuevos pasos de baile, siempre nuevos, siempre con otros y siempre nuestros.

Con tu permiso «Tito Rober»
El alambique veloz.

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