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MORIR PARA DAR VIDA

MARTINA


MORIR PARA DAR VIDA
Era la promotora de salud de Tipeshiari, mujer alegre y simpática y siempre dispuesta a colaborar. Tenía tan solo treinta y tres años, la edad en que Jesús también murió por darnos vida.

Ya hemos escrito alguna vez, también acerca de salud, de esta comunidad alejada un día de Kepashiato, el centro poblado más cercano. Hay que ascender durante un día para llegar a este lugar donde habitan veinte familias matsigenkas en estado de «alejamiento» pero que ya tienen el veneno cercano de una carretera que mira hacia sus apetecidas 64.000 Has. que disfrutan de tiempo inmemorial ahora sesenta personas.

Martina estaba gestando su cuarto embarazo. Sabía cuidarse y visitaba frecuentemente la posta de Kepashiato por ella y por sus paisanos. En la última visita que hizo, le recomendaron se quedara ya en Shimaa, comunidad muy cercana a la posta, hasta que diera a luz para que fuera atendida por la obstetriz de dicha posta. Pero ella dijo que había escuchado por Radio Quillabamba que venía el padre a visitar su comunidad y no podía faltar porque ella siempre acompañaba al padre y traducía lo que éste decía a sus paisanos.

Subió en ese estado un día de camino hasta Tipeshiari y se quedó en la casita que tiene, dos horas alejada de la comunidad. Debió sentirse ya mal, porque no estuvo durante la visita del padre ni su esposo Carlos, avisó de su estado a la comunidad ni al padre, que la hubieran socorrido. El padre se extrañó de su ausencia y salió dos días después hacia las comunidades del río Apurímac. A su regreso, visitando la posta de Kepashiato le informaron que dos días antes había muerto Martina en su casa, luego de dar a luz y retener la placenta. Murió desangrada, pero alumbrando la vida de su cuarto hijo, Fran. Las enfermeras de Kepashiato subieron a su casa y rescataron a la criatura en estado lamentable porque Carlos no cuida bien a sus hijos. Nadie quería hacerse cargo de la criatura y tuvieron que bajarla a la posta. Gracias a Dios y a Rosita, hermana menor de Martina que al fin se compadeció y decidió atender a su sobrinito, siempre con la ayuda de la posta.

Acabo de regresar, luego de mis vacaciones por España y he subido a Tipeshiari. Antes, como es costumbre, pasé por la posta de Kepashiato para ver qué novedades tienen respecto a esa y otras comunidades de su competencia y allá me llevé una noticia bien triste y otra bien alegre. La triste, que habían muerto, en el espacio de mi ausencia, tres niños lactantes por neumonía. La alegre, que habían destacado una posta con enfermera permanente a la comunidad de Tipeshiari.

Subí emocionado por la noticia, más rápido que nunca, además porque recientemente, enterados que llegaba el padre, arreglaron los paisanos el duro camino por selva pura y montañosa. Recordé por el camino aquel día hace ya siete años, en que por ese mismo camino, regresábamos de la comunidad más apurados que ahora y con el niñito, recién nacido y agónico, de Damián en brazos, al que habíamos mantenido con nuestro aliento a lo largo de la noche para bajar con él rápidos en cuanto amaneciera a la posta antes que se nos muriese. Pasé emocionado por el lugar donde en una de las ocasiones que paramos para ver cómo estaba la criatura, había muerto. La muerte de Jesús fue ocasión de que sus papás bajaran a la posta para ser atendidos de su neumonía y desnutrición, con el resto de sus hijos.
También Martina había muerto para dar vida. La vida a su hijito y la vida a su comunidad, porque ahora no será tan fácil que mueran más niños por abandono, desnutrición, neumonía o cualquiera otra enfermedad que les acecha frecuentemente.

Además la enfermera les presionará para que bajen a la posta de Kepashiato a terminar su gestación y dar a luz con seguridad. Creo que es una muy buena noticia de adviento.

Roberto Abalos
Misión San José de Koribeni
Adviento 2011

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