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PABLO NERUDA. "Puedo escribir los versos más tristes esta noche..."

EL RINCÓN DE LA POESÍA.

PABLO NERUDA.

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche…”
Aunque por Pablo Neruda es conocido en todo el mundo, su nombre auténtico fue Neftalí Ricardo Reyes Basoalto y nació en la localidad chilena de Parral el 12 de julio de 1904. Apenas tuvo contacto con su madre, pues murió de tuberculosos un mes después de traerle al mundo. Se crió en la ciudad de Temuco, “entre la poesía y la lluvia”, como diría en sus memorias. En este lugar su padre consiguió trabajo como obrero ferroviario.
Estas tierras frías y húmedas, en el pasado lugar de enfrentamientos entre los conquistadores españoles y los indios araucanos, marcan desde niño la personalidad del poeta; tierra de la desesperanza, de la soledad del ser humano y del amor, que inspiraron a Neruda en su obra más famosa y que le dio fama en todo el mundo y le empujaron hasta hacerlo merecedor del Premio Nobel en 1971: “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”.
Inició sus estudios en el Liceo de Varones de Temuco y al terminar el bachillerato inició sus estudios de francés y siguió la carrera diplomática en la Universidad de Santiago de Chile. Adoptó el seudónimo de “Neruda” en honor al apellido del poeta checo Jan Neruda. Recibe influencias de la poeta Gabriela Mistral y de los clásicos rusos. Pronto comienza a destacar con sus primeras poesías que reciben diversos premios allí donde se presentan. La mayoría fueron recopiladas en su obra “Crepusculario” en 1923. Al año siguiente publica su famosa “Veinte pomas de amor…”. Estos primeros libros reflejan la influencia modernista, la melancolía y el dolor por la ausencia de la mujer amada.
En 1925 dirige la revista Caballo de Bastos y se introduce en la poesía vanguardista con los libros “El habitante y su esperanza”, “Anilllos” y “Tentativa del hombre infinito”.
Su carrera diplomática lo lleva en 1927 por tierras de Birmania, Singapur, Java, China, Argentina, España y París. Viaja a México, Guatemala y Cuba. Se casa con la holandesa Antonieta Agenaar, con quien regresó a Chile en 1932 y tuvo a su hija Malva Marina, que murió a los ocho años de vida. En 1934 en nombrado cónsul en Buenos Aires y allí conoce a Federico García Lorca, que estaba en el estreno de “Bodas de Sangre”.
Entre 1934 y 1936 reside Barcelona y después en Madrid, donde tiene relaciones con todo el elenco de autores españoles de la llamada Generación del 27. Con todos ellos mantuvo excelentes y provechosas relaciones, excepto con Juan Ramón Jiménez, con quien chocaban las posturas estéticas de la poesía nerudiana: “Una poesía impura, como un traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición y actividades vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilias, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias, sacudidas, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos”. En 1935 se casa de nuevo con Delia del Carril, su segunda esposa, de quien se separará en 1956.
Sufrió un gran impacto cuando conoció es asesinato de Lorca al comienzo de la Guerra Civil española “…la guerra de España, que cambió mi poesía, comenzó para mí con la muerte de un poeta”. Fue destituido de su cargo de cónsul por apoyar a la República y cuando se acercaba la derrota final publicó “España en el corazón”. Su poesía comienza a ser mucho más comprometida social y políticamente.
En 1939 el gobierno chileno lo nombre cónsul en París, desde donde organiza todo tipo de ayudas para los refugiados españoles del bando republicano. Ya de vuelta a su país, en 1945, fue elegido senador por el Partido Comunista y galardonado con el Premio Nacional de Literatura. La presidencia de Gabriel González Videla en Chile le obliga a la clandestinidad y el exilio. El Partido Comunista es ilegalizado y se refugió en Francia e Italia. En 1950 recibe el Premio Internacional de la Paz y en 1958 publica “Estravagario”, consolidado ya como uno de los poetas más grandes de la lengua y como una figura de relieve internacional.
En 1966 se casa con quien será su compañera el resto de su vida, Maite Urrutia, después de llevar ese amor en secreto durante diecisiete años. En 1969 es nombrado miembro honorario de la Academia Norteamericana de Artes y Letras y doctor honoris causa de la Universidad Católica de Chile. El Partido Comunista lo designa como precandidato para las elecciones presidenciales, pero renuncia a su candidatura a favor de Salvador Allende.
En 1973 se produce el derrocamiento de Allende por Pinochet; las casas de Neruda en Chile son destruidas por los militares y el poeta muere el 23 de septiembre de ese mismo año, dejándonos en muchos de sus versos la intuición de lo que está más allá de la muerte: “No crean que voy a morirme, me pasa todo lo contrario, sucede que voy a vivirme, sucede que soy y que sigo”.

Poema 20… Puedo escribir los versos más tristes está noche…

Puedo escribir los versos más tristes está noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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