Besana Villoria – Revista digital Besana de Villoria

LOS AVATARES DE UN ABUELETE CANSAO

Voy a intentar filosofar un poquito de mi vida. El otro día hice 83 años, dando gracias por llegar, pero estoy pasando el peor mes de mi vida y os quiero contar.
No sé por dónde empezar, porque ha sido muy larga mi vida, hasta hace poco estaba como una rosa, me estoy marchitando como un capullo, ¡Ojo! Lo digo de corazón. No quiero victimizarme. Soy una persona transversal, dialogante, no tengo nada que ocultar, pero veo que, me faltan las fuerzas y mucha ilusión. No tengo miedo, porque aquí está el cielo y el infierno.
Entiendo que he corrido mucho, ha sido parte de mi vida y quiero empezar con mi historia, este es el cuento de cualquier abuelo, un personaje trabajador.
Desde muy pequeño soñaba y soñaba, pero era muy travieso, siempre muy feliz, fue lo que me enseñaron, aunque pasé muchas penurias, pero era muy pequeño para pensar en ellas.
Va corriendo mi vida, donde siento mucho amor y también miedos. Le doy bastantes vueltas al coco, pensando qué porvenir se me avecina. Era muy mal estudiante, pero todo tenía un motivo, “la letra con fuerza no entra”, así que lo que me esperaba era trabajar y trabajar sin rechistar, aquello era como el padre nuestro. Conoces a mucha gente y consigues buenos amigos.
A los 5 años vas despertando el cerebro, con todas tus fisuras de tu nueva vida, es preciosa, sin maldad. Llegas a los 10 años y te sacan del colegio y a trabajar, te vas dando cuenta de que tu vida va a ser dura, pero como eres todavía pequeño no piensas en la maldad.
Llegas a los 14 y 15 años y empieza tu cerebro a maquinar sin malicia, te ilusionas con alguna chavala y ahí empiezas a soñar. También el trabajo para ganar un mísero jornal, no he tenido la suerte de estudiar e ir a una universidad.
A los 20 años tienes que pasar la mili para salvar España, con una pistola y una metralleta en tus manos, que en cuanto la tocaba me ponía a tiritar, allí te llevaban para hacerte un hombre como decía mi padre.Yo salí como un pelele destronao.

Va pasando tu vida, conoces una chavala y te enamoras de ella, después de tantos devaneos y decepciones, encuentras a tu media naranja. Ya enamorao, te casas, tienes tus hijos y un trabajo. Una familia entera y tu ilusión, comprar un piso para poder disfrutar. ¡Cuántos fines de semana me tocó trabajar! Entonces no había vacaciones. No sientes malicia ni envidia, soy feliz, querer y ser querido, es muy difícil conseguirlo, porque en esta vida hay muchas trabas. Eres joven y puedes con todo y ahí te sientes un hombre maduro.
Llegas a los 30, aunque muchas veces tu ilusión roza los suelos, tu cuerpo se devanea, pero no dejas de luchar, porque a tu lado están tus seres queridos.
Puedes casi con todo, llegas a los 50 y entras en una minicrisis y en una pequeña depresión, te revelas diciendo ¡Lo que yo era!
Llegas a los 60 y ahí le das muchas vueltas, seguir trabajando o dejarlo, porque notas que tu cuerpo está muy gastao, pero hay un problema donde se saca y no se mete, todo llega a su fin. Aunque he tenido una buena administradora. Pero este abuelo no es de los que se queda en casa tirao a la bartola comiendo palomitas.

Tengo un cacho de huerto, nietos y sobrinos, donde hay que llevarlos y traerlos del colegio y pasearlos, que es nuestra obligación. Tengo un viejo coche que me da mucha movilidad, de visión y reflejos, para hacer visitas a varios pueblos a personas que por desgracia necesitan una mano amiga, todos la necesitamos, hasta en el maldito infierno, que yo creo que esta aquí en la tierra. Dándome cuenta que mi vida es estresante, pero muy bella.
Me meto con 83 años, parecen 83 drones llenos de pólvora, estoy pasando el peor mes de mi vida, me encuentro rebotao y encima me dicen que estoy muy bien para los años que tengo.
Hace unos días me voy a renovar el carnet, me costó un triunfo para que me lo dieran y yo lo entiendo, porque puedo hacer daño. Tengo que dar gracias, lo que me jode es que me digan que me subo por los bordillos cuando voy a hacer visitas. Yo no me enterao, algún bulo inexistente, aunque yo sé que me lo dicen por mi bien.
Así que me siento como un pajarito que no puede volar y es muy duro para mí.
El otro día nos juntamos los quintos, con muchos años encima con ganas de vivir. Me voy a la cama y algo me habría hecho daño y andaba con la gastroenteritis, de algún maldito virus. Estuve cuatro días con suero y sin dormir, me quedé muy flojo. Fui a buscar unas escarolas para ponerlas en el huerto, a la parcela de mi amigo Toribio, iba en bicicleta con un cubo en el manillar izquierdo, diciéndome mi amigo, vete andando que te puedes caer ¡No me jodas Tito! Monté en la bici y me di cuenta que el cubo se vencía. Como era una pendiente un poco pronunciada no lo conseguí. Esos 83 años rodaron por la zahorra envuelto con los hierros de la bici, que no sabía por dónde salir y yo cabezote llegué a casa molido de tantos golpes y las sembré.
Subí a casa molido, me vio la mujer, ¡Cómo se puso madre! Pasé la noche y me levanté, la dije que me iba a dar una vuelta con la bici porque casi no podía andar, pero no la hice caso y a buscar la bonoloto. Cojo la bici y en el esquinazo de la casa de Portu iba a tirar para la izquierda, pasa Manolo el Villoruelo, adiós Alfonso. Volví la cabeza para saludarle y allí aterricé en el asfalto encima de un bordillo, ¡cómo quedaron mis rodillas, mi brazo y dos dedos del pie!

Me levanté, querían llevarme a casa, les dije que no. Entré por la calle de los vecinos, cómo se puso alguna vecina, me perdieron el respeto, porque me quieren.
Salió la mujer, nada más que me vio, se asustó, no me perdió el respeto. Diciéndome ¡Como sigas así me vas a matar! Otra caída, a ver si cambias. La verdad que nos hemos querido mucho, nunca nos perdemos el respeto, faltaría más. Ella lleva muy bien la casa, porque yo no me enterao o no he querido, yo he sido un correlindes, he estado al lado de la gente para hacerlos felices y me ha satisfecho. He procurao ser consciente con mis actos, pero muchas veces me abre paso en obras u omision. Diciéndome mi mujer, ¡No quiero verte quejar! Por lo que, me he pasado ocho días sin pestañear ni levantar la voz, así que pido perdón.
Aquí me quedo yo pensando qué rumbo va a tomar mi vida, porque parece que ya voy resucitando de encajar 83 años. Así que con mis privaciones encontraré un camino virgen sin contaminación que me lleve al final de mi vida, corta o larga, que muchas veces no sabemos aprovechar, no todo está en el dinero y el glamour,  creo yo que este mundo es para valientes, no puedes vivir con el miedo encima. Este es el síndrome de muchas personas, como yo, que parece que nos tienen que enseñar a andar, se ha perdido el hábitat y lucharemos para volverlo a encontrar. ¡Pero sin bicicleta!
Un saludo


ALFONSO EL PINDOQUE

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