No hace falta ser majestuosa para ser hermosa. La hermosura, como la amargura, también anida en lo adentros. Anciana milenaria, que recibe con amor y ternura los primeros rayos de sol a bordo de ese cielo arrebolado y empedrado. Inteligencia humana, divina y natural unidas para firmar una bella estampa otoñal.
Foto: Pilar Corredera
