Besana Villoria – Revista digital Besana de Villoria

TRAS LA TORMENTA

A propósito del Lunes de Aguas.

Este pequeño relato surge de una tarea propuesta en el taller de escritura de la Casa de las Conchas,“hablar del Lunes de Aguas: sensaciones, historias, tradiciones… ” No pude evitar hablar del nuestro. Si miro hacia atrás, para mí el Lunes de Aguas era la fiesta de mi pueblo, nada que ver con día de campo, ni hornazo. Mi madre nos repeinaba, nos vestía de fiesta, incluso estrenábamos ropa; si se podía. Era día de misa en familia, procesión… De paga, de chuches, amigas y baile, siempre baile. Por eso no he querido perder de vista como surge esta fiesta. Gracias a Roberto Ábalos, nuestro Roberto, por prestarme el bastidor y el dibujo, yo sólo he tenido que pasar el hilo. Me apetece mucho compartirlo con vosotros, tal vez tenga poco que ver con lo que sucedió ese día, o tal vez mucho…

TRAS LA TORMENTA

El trueno sonó como una estampida de toros, porque en Villoría de bisontes no saben,pero de toros, sí. Un segundo, tal vez dos… a tres no llega; un rayo atraviesa como una centella la iglesia. La parroquia, llena hasta la bandera, no es un día de bares; es un día de silencios, de rezos a media voz. El rayo según entra, sale; como un milagro, como una fugaz visita de Dios. La iglesia durante unos minutos, que bien podían haber sido horas, queda en un mutismo absoluto. El cura levanta la vista al cielo y se tienta la negra sotana: todo bien. Los hombres que ocupan los bancos de atrás, como manda la tradición, desentumecen las extremidades, más por el susto que por otra cosa. Buscan a sus familias: mujeres, hijas, madres, hermanas… La nave central de repente despierta y bulle de forma desmesurada. Los chiquillos ríen, lloran. Y ellas, las mujeres, ataviadas con sus enlutados vestidos y mantillas, y con las rodillas despellejadas de tantas horas arrodilladas, alzan sus rezos y la vista al Señor muerto en la cruz, que preside el altar mayor. Nunca un jueves santo fue tan santo. La Semana Santa no da lugar a celebraciones, pero el pueblo de Villoría, agradecido como es, decide que de alguna forma debe de solemnizar el día en el que salieron indemnes de la tormenta. Por consenso entre autoridades y el obispado se fija, un año después, el lunes siguiente al final de la Semana Santa como día conmemorativo. Así el Lunes de Aguas pasa a ser la fiesta chica del pueblo. Mientras el resto de salmantinos celebra la vuelta a la mundana vida a orillas del Tormes, en montes o prados. En Villoria se celebra la vida misma, la vida con mayúsculas: la Fiesta del Voto, donde no falta la solemne misa, los toros y los bailes de salón.

Eva Hernández.

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