El 13 de diciembre de 2025 a las 14.30 horas se fue de entre nosotros y nos dejó su recuerdo Pilar Ávila Vicente. Cualquier fecha es muy mala para despedir a personas queridas. Pero en este caso, cerca de las fiestas de Navidad, la pena es aún mayor, si cabe.
Pili era la segunda de las cinco hermanas conocidas como las “cocanas”, mote debido a su madre, Teresa, procedente de Coca de Alba, que se casó en Villoria con el “quiquis” Romualdo Ávila. Pili heredó de su madre un temperamento fuerte, que la acompañó durante toda su vida y que la ayudó a sobrellevar durante sus enfermedades los dolores que tuvo que soportar, que fueron muchos y muy intensos.
Deja entre nosotros a su viudo, Nano; dos hijos, María y Carlos; y cuatro nietas, Amaya, Silvia, Rocío y Clara.
Exactamente ocho días más tarde del fallecimiento se cumpliría el 57º aniversario de su matrimonio con el también villorejo Nano, Laureano Lázaro Araujo, hermano de Crucita (y de Tini y de Sabi, que en paz descansen). Pili se casó cuando tenía 24 años, siendo estudiante de Física y Química en la Facultad de Ciencias de Salamanca. Ya casada, trasladó su matrícula a Madrid, donde acabó la carrera y donde se jubiló siendo catedrática de Física y Química de instituto de enseñanza secundaria. Como profesora, era exigente con sus alumnos y, al mismo tiempo, era amable con ellos. Con sano orgullo recordaba alguna vez que, cuando enseñaba en Vallecas, donde el complicado Pozo del Tío Raimundo, sus alumnos la sorprendieron un día con el regalo de un ramo de flores.
Disfrutó mucho con la jardinería, las macetas y las flores. La fotografía que acompaña este texto la realizó su hija María el 12 de mayo de 2024 en el Real Jardín Botánico de Madrid, con Pili sentada en silla de ruedas. Su otra gran afición fue la pintura, y pintó mientras pudo, hasta que no pudo manejar los pinceles por culpa de la artrosis, que deformó sus manos. Prueba de ello es la otra foto que se adjunta, que recoge un carboncillo que pintó en 2012, reproduciendo una fotografía suya de 1966, cuando tenía 22 años.
Tanto Pili como Nano se han sentido siempre muy vinculados a su pueblo Villoria. Mientras pudieron, todos los años pasaban alguna temporada en la casa de las “cocanas” del pueblo, sobre todo durante las vacaciones de verano. Mientras pudieron, es decir, hasta que a Pili la amputaron la pierna derecha en el inicio del verano de 2024.
Su viudo Nano quiere terminar este recuerdo dedicado a Pilar parafraseando unos versos del poeta salmantino José Diego, fallecido muy joven en 2011, que estuvo casado con Choni, sobrina de Nano: “Te he visto, Pilar, /tantas veces repetida en mí,/ que tu ausencia, ahora,/ es forma anticipada de mi muerte”.
Ya dejó de sufrir.
EN RECUERDO DE PILI LA “COCANA” POR NANO/LAUREANO LÁZARO.

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