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Menuda inocentada…

Día 28 de diciembre. Cada vez que llega este día uno empieza desayunándose con una retahíla de noticias a las que hay que poner en cuarentena, no vaya a ser que te estén tomando el pelo más de lo que te lo toman a diario. En estos tiempos que vivimos, las falsas noticias o las «fake news» como dicen los que saben inglés y presumen de ello o los que, sin tener repajolera idea, lo repiten como loros (su razón tendrán), están a la orden del día.

Pero, cuando vives en un pueblo hay un medio de comunicación ancestral que sabes que nunca te va a engañar. No necesita palabras, tan solo sonidos. Cuando en el pueblo tocan las campanas, solo por su tono ya sabemos que es lo que acontece. Y esta mañana las campanas han vuelto a tañer, nos han vuelto a hablar con ese tono que, cuando lo oímos, nos encoge el corazón y el alma y nos lleva inequívocamente a hacernos siempre la misma pregunta ¿Quién se ha muerto?, Así de crudo y de directo.

Hoy, 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes (por si alguien no lo sabía), su triste lamento indica que no suena a inocentada, sino a una cruel y triste realidad: alguien nos ha dejado para siempre. Y llega la pregunta, y al poco tiempo la respuesta: Arcadio Sánchez Sánchez, es quien esté día pone nombre y cara a esa respuesta. Como pasa siempre cuando algún familiar, amigo o conocido se va para no volver nunca más,inmediatamente afloran los recuerdos y las situaciones en las que has compartido vivencias con esa persona.

Y aquí llegan los míos. Recuerdos de niñez, acrecentados por unas fotos «robadas», que están en mi poder y que me he permitido la licencia de utilizar sin el pertinente permiso,(pido disculpas), allá por la primera mitad de la década de los 60 cuando cuando Cadín, a quien así llamábamos de pequeño, llegó a Villoria junto con sus padres Gabriel y Agustina, sus hermanos Paco y Perfe y sus hermanas Tere, Angelines y Mari. Su padre Gabriel, era el nuevo secretario de Villoria, cargo en el que estuvo varios años. El era el más pequeño de todos. Esta familia se integró rápidamente en el pueblo, hasta el punto de que varios de sus componentes echaron raíces en él, y sus hijos y nietos son unos villorejos más. Con Cadín, aunque era más pequeño, me unió una cierta complicidad, alimentada por la cercanía y la amistad que unía a nuestras familias.

Se ha ido el más pequeño, el benjamín, de forma prematura, como antes lo hicieron también sus padres y sus hermanos Tere, Paco, Angelines y Mari, todos ellos con mucha vida por delante que no pudieron disfrutar con sus hijos y nietos. Solo queda Perfe, de todos aquellos que llegaron a nuestro pueblo hace ya casi 60 años.

Con estas líneas quiero rendir un sincero y humilde homenaje a una familia que marcó, junto con otras muchas,mi niñez más temprana y que ha sufrido y luchado como pocas contra la crueldad del destino.

Cadín, cuando llegues al cielo, hoy no vas a estar solo. Por cierto, si ves por allí a quien hizo de anfitrión (te quiero, padre) a tu familia cuando llegasteis al pueblo, dale un abrazo. El también se fue un 28 de diciembre. Menuda inocentada…

SPP

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