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BELÉN DE TERE MARCOS EN ENCAJE DE BOLILLOS

El belén este año de Tere Marcos, montado con suma delicadeza sobre una antigua balanza de pesar en su tienda de ultramarinos (tienda que sigue siendo para los habitantes de Babilafuente la de la señora Joaquina), es una monada de artesanía hecha de encaje de bolillos. Esta chica tiene unas manos prodigiosas, la verdad. Tan pronto te despacha galletas, aceitunas o un melón, como, aprovechando los ratos en los que no tiene clientela en la tienda, se pone a trajinar sus creaciones artesanales. Y después de las ocho o nueve horas laborales, cuando cierra la tienda, se lleva los deberes a casa como los críos del colegio. Y allí remata sus obras de arte que tienen ese sabor añejo a las tradiciones populares aprendidas de madres y abuelas.

Ha recreado este año la escena tradicional de la Navidad sobre los dos reducidos platillos de la vieja balanza. En uno de ellos van las figuras del Niño en la cuna, la Virgen y S. José, el  ángel anunciador a los pastores, el portal –un abanico invertido-, y la estrella iluminada. En el otro platillo, sobre la desnudez linda y moronda del cobre antiguo, las tres figuras de los Reyes Magos tienen un fulgor especial, como si portadores este año de las vacunas que nos prevengan de este asqueroso coronavirus mortífero.

Desde esa finísima recreación con sencillo hilo blanco del nacimiento de Jesús de Nazaret refugiado en el establo de Belén resulta más fácil entender y sentir la ternura del Dios desvelado en la carne aterida de un débil Niño. Tantos niños de hoy, desvalidos, huyendo como Él de manos o situaciones asesinas en sus países de origen, arrojados a la miseria extrema en los establos-tiendas de campaña destartaladas de los campamentos de refugiados. O niños arrojados a las calles inhóspitas de los países en la eterna miseria. Niños que para los creyentes buscadores del rostro de Dios en la calle siguen actualizando el grito del belén original: gloria al Dios de los cielos, sí, pero en la tierra construyamos justicia y paz los hombres de buena voluntad

Frente al ruido gritón y las luces desorbitadas –industriales y comerciales- en las calles y plazas de las ciudades que estos días nos mete en nuestras casas a todas horas la televisión, yo me quedo con este rincón austero de belleza y armonía artesanas que un año más Tere Marcos nos ofrece en la antigua tienda de ultramarinos de la señora Joaquina. Para compartir ideas y sentimientos religiosos o para la sana y contagiosa expansión de la fiesta familiar y social de la Navidad.

Aunque pienso ponerla un pero. Creo que falta una señal, un gesto, una llamada de atención en mitad del blancor fulgurante del belén que distinga e identifique este año 2020 por el obsceno y asqueroso coronavirus. Han sido y están siendo muchos los daños mortales en nuestros pueblos y en el mundo como para dejarle escapar sin una queja amarga en el belén dulce de toda la vida. Le voy a decir a Tere que si no rompe mucho la armonía del conjunto, en algún pequeño espacio de ese belén precioso ponga un hilo negro en señal de recuerdo de todas las víctimas. De quienes se han tenido que marchar deprisa y solos. Y de quienes, niños y mayores, hemos sentido el zarpazo de tantos recortes de todo tipo en nuestras vidas. En especial, en estas fechas, de los recortes en besos y abrazos.

Postdata: Quiero aprovechar para decir en voz alta una palabra de reconocimiento y homenaje a todas y cada una de las personas que en nuestros pueblos de Las Villas han seguido prestando hasta en los momentos más duros de la pandemia su servicio público a los habitantes a pesar de los peligros de contagio: panaderías, carnicerías, tiendas, supermercados, centros médicos, bares, limpiadoras/es, miembros y personal de los ayuntamientos, monitores, catequistas, voluntarios del Banco de alimentos, maestros y profesores en los centros educativos, miembros de las AMPAS, quienes atienden las redes sociales y medios de comunicación… Y no sé si me olvido a alguien. Gracias, Feliz Navidad en familia. Y a ver si las vacunas y la responsabilidad sanitaria de todos nos arreglan el Año Nuevo.

Quintín García

2020-12-23

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