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CUANDO EL CIRCO ROMANO SE CONVIRTIÓ EN FACEBOOK.CONTINUACIÓN

Si hablamos de la importancia que ha adquirido el ME GUSTA en redes sociales como Facebook, debemos diferenciar de cuando lo utilizamos a nivel provincial, nacional e incluso mundial, a cuando lo hacemos a nivel local o entre amigos y conocidos. Es en estos dos últimos supuestos donde puede adquirir especial relevancia.

Alguna vez os habéis preguntado: ¿por qué le damos al «me gusta»? Seguro que se os ocurre más de una respuesta.

Puede ser porque realmente nos gusta lo que vemos o leemos.

Porque es cosecha de un familiar directo y conviene que sepa que estoy ahí, apoyando.

Porque es mi amigo-a.

Porque es mi cliente y no conviene que se enfade.

Porque es mi proveedor e idem de idem

Porque es mi vecino-a.

Porque de vez en cuando conviene asomar la manita y recordar que seguimos ahí.

Porque me identifico contigo políticamente.

Porque me identifico contigo socialmente.

Porque tú me lo das a mí y yo te lo devuelvo.

Porque me da la real gana y le doy al dedo sea lo que sea.

O, ya rebuscando, porque …¡¡te estoy diciendo que me gustas tú y no te enteras!!.

Porque…Aquí podéis seguir con aquellos supuestos que se os ocurran.

Luego está la ausencia del ME GUSTA, que duele tanto como satisface su visión. Los motivos de esta ausencia pueden ser variopintos, ya sean por el olvido, la dejadez, el descuido, la indiferencia e incluso el castigo.

Y aquí estamos, inmersos en este circo mediático que nos toca vivir y en el que somos actores principales. Un circo donde no hace falta ser licenciado ni especialista ni tan siquiera entendido en nada. Basta con un simple gesto para formar parte de él. Esta cuestión se ha convertido en un tema digno de análisis para sicólogos, sociólogos y sicoanalistas. Demasiado serio para quien no pretende más que entretenerse y entretener un rato quién lo haya leído. Ahí lo dejo.

Un par de anécdotas para quitarle hierro al asunto. Me contaba un amigo, ya entradito en años, al que esto de las redes sociales le viene más ancho que el traje de Superman a un pitufo, lo que le ocurrió con el dichoso dedito. Resulta que un buen día, tal y como hacía ya de forma habitual, estaba dándose una vuelta por distintas páginas de Facebook, dándole al dedo y a las caritas allá donde creía conveniente. En esta tesitura, se topó con la página de un familiar con el que no mantenía, precisamente, una cordial relación. Y para seguir al pie de la letra el dicho de que la curiosidad mató al gato, su instinto felino le empujó a curiosear en la mencionada página, y esa curiosidad le traicionó. «No me preguntes cómo, me dijo, pero de alguna manera y de forma totalmente involuntaria le di al ME GUSTA.» Cuando vio su nombre al lado del pulgar azulado, se le vino el mundo encima y un sudor frío le dejó el cuerpo como un témpano de hielo.

PUES QUE CHORRADA, diréis, que le dé otra vez al dedo gordo y se acabó el problema. ¡Ah!, Qué fácil lo veis los que os movéis como pez en el agua en este mundillo, pero ya os he dicho que mi amigo era un neófito en estos temas y nadie le había enseñado cómo actuar en estos casos. Menos mal que siempre hay almas caritativas a las que recurrir y una llamada a tiempo dejó el caso resuelto en un plisplas. ¡NUNCA MAIS!.

 

La otra anécdota es de un conocido, más joven que el anterior, pero tirando ya a maduro y peinando alguna cana. Este sí, este si sabía lo que hacía y le plantó un ME GUSTA como la copa de un pino a la foto que una antigua amiga puso como portada tomando el sol en bikini en una playa malagueña. Error morrocotudo. Por estas casualidades que tienen el Facebook y la vida misma, o por un «inocente» chivatazo -¡toma dedo en el ojo!-, su pareja se enteró. El pollo que le montó fue de campeonato. Ese simple gesto estuvo a punto de provocar un divorcio. Y es que con las cosas del querer no se juega.

Por cierto, a mi quién me gusta eres tú, que has sido capaz de leer hasta el final.

SPP

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