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RELATO de Lourdes Hidalgo Briones

En el certamen literario que se ha celebrado este año en Santa Marta, con el tema «San Valentín, el mito del amor», presente un relato, titulado, «EL ÚLTIMO AÑO», con el que he obtenido un 4º Premio.

Por lo que explicaron en la entrega de premios, habían recibido más de 140 trabajos, a nivel de toda España. Me siento muy ilusionada y satisfecha por este resultado, en especial por el reconocimiento que supone para mí.

Aquí os dejo dicho relato

                  TITULO:   EL ÚLTIMO AÑO

Se acerca el fin de semana y ya está todo listo para celebrar nuestro quinto aniversario, repaso mentalmente…,  he recogido mi vestido rojo de la tienda y el regalo para Diego, también he reservado mesa en nuestro restaurante de siempre.

Ha llegado Diego de viaje y le recibo muy cariñosa, nos preparamos para nuestra especial velada, en el mismo lugar donde nos vimos por primera vez.

Nos conocimos un cálido diez de Mayo, que asistimos invitados a un evento organizado por la empresa en la que trabajamos ambos, es una Firma de Cosmética natural  de gran prestigio a nivel internacional, lo increíble de todo esto, que aun llevando varios años allí, era la primera vez en vernos.

Nos presentó uno de los Gerentes como delegados de diferentes departamentos. Desde ese momento empezamos a salir, lo que terminó dos años después en nuestra boda, y en el mismo lugar, celebramos otro aniversario.

Diego es asesor de Ventas y Promociones en la Firma, además lleva las finanzas de un grupo de empresas de Nuevos emprendedores en el mismo campo, lo que le obliga a viajar mucho.

Yo, por el contrario, siempre en el mismo lugar, me encargo de los laboratorios de Innovación e investigación en la elaboración y creación nuevos productos y ensayos clínicos.

Diego siempre ha sido muy varonil, atractivo, coqueto y con estilo elegante. Me vuelve loca su cabello gris, a pesar de ser muy joven y sus ojos verdes. Yo, soy alta y esbelta, morena con ojos castaños y suelo alternar varios estilos por lo que combinamos muy bien.

Estamos ya en el restaurante todo muy elegante pero con aire renovado, hay música de fondo, todo parece ser perfecto, intercambiamos miradas, sonrisas y nuestros regalos, pero le percibo un tanto ausente y nervioso, le pregunto si le ocurre algo, pero con su perfecta sonrisa consigue tranquilizarme.

Una vez en casa, su nerviosismo es más notable, ya no me puedo resistir y le vuelvo a insistir. Finalmente Diego me explica el motivo de su malestar dando a nuestra velada un giro con final muy diferente a lo esperado, pasando la noche en vela y en un incómodo silencio.

A Diego le han propuesto un ascenso con la condición de tener que viajar por todo el mundo, sin regreso al menos por un año, para promocionar y expandir nuestra marca a nivel internacional. Es una buena oportunidad para él, a nivel profesional, reconozco que se lo merece, ha trabajado muy duro, estoy muy orgullosa de él. Aunque me duele esta separación, me resigno y acepto su suerte.

Ya llegó la hora, Diego ya se marcha, nos despedimos en el aeropuerto, nos cuesta despegarnos. Veo como se aleja de mí, tengo tentaciones de correr tras él, acaba de embarcar y siento que mi mundo se desploma bajo mis pies.

Me cuesta trabajo llegar hasta casa, las lágrimas no cesan, estoy desolada y completamente sola, mi familia está a mucha distancia, los echo de menos ahora más que nunca, quizá cuando me sienta capaz de razonar les visite.

Despierto desorientada sobre la cama, aun con el abrigo puesto, es por la alarma para ir al trabajo, no sé cuánto habré dormido, pero salgo de la cama con mucha desgana, me preparo para ir a trabajar y salgo corriendo hoy iré en autobús no me apetece conducir, mientras voy viendo las llamadas y mensajes recibidos.

Empiezan a pasar delante de mis ojos, las primeras semanas sola, con mi único itinerario de casa al trabajo y viceversa, pero hoy decido ir caminando a casa y organizando mis ideas, me replanteo un giro a mi nueva vida sin él.

Diego está recorriendo país por país con su proyecto que está obteniendo muy buenos resultados, está eufórico. Cada semana recibo una o varias postales de los lugares que visita detallando todo lo que ve, siente y como lo vive. Está feliz cumpliendo todos sus objetivos, en cada carta, me repite cuanto desea que le acompañara. Aún consigue que me sonroje.

He pensado apuntarme a un gimnasio, reconozco que estoy desentrenada y en los tiempos que corren me vendrá bien retomar defensa personal y boxeo que me ayudará a eliminar mis pensamientos negativos. Voy a mi primera clase y para mi sorpresa la monitora es Diana, una compañera del instituto, hace tiempo que había perdido su rastro. Me alegró mucho reencontrarla. Después de la clase quedamos a tomar algo y ponernos al día, había tanto que contar!

Diana compaginaba varios empleos, perdió a sus padres muy joven, pasó por varias familias de acogida y a su mayoría de edad, coge las riendas de su vida, estudió educación física y educación artística, su gran pasión. Es un alma libre, pero con los pies en la tierra.

Fuimos quedando con bastante frecuencia, algunas veces quedábamos en el estudio de arte, dibujaba comics y controlaba gran diversidad de estilos de pintura. Me sentía muy cómoda e incluso enganchada a ese alma libre y puro que me complementaba más de lo que yo hubiera deseado en estos momentos en los que Diego era un cúmulo de carencias, un cuerpo ausente y Diana era mi salvación, pues me hacía sentir muy especial e importante, me presentaba a muchos amigos, ella conseguía que mis días fluyeran más rápido e intensos hasta el punto de sentirme culpable de olvidarme un poco de mi marido.

Nos hemos ido a un salón de belleza y de compras y toca cambio de look. A continuación vamos a cenar y tomamos alguna copa, ya por último a su apartamento y me invita a quedarme un rato más, no había prisa, en verdad nadie me esperaba, solo una casa vacía.

Me propuso pintarme para tener un recuerdo de nuestra amistad dentro de unos años, como quien toma una fotografía, yo acepté risueña. La noche se pasó divertida, hizo varios retratos, en color, a carboncillo, con ropa y sin ella, en un momento en el que la risa se apoderaba de mis fuerzas, Diana aprovechó para besarme y yo simplemente me permití ser libre. Al despertar me di cuenta de lo que había pasado, me vestí, recogí todo y salí corriendo.

Volví a estar sola, doblemente sola. Han pasado varios días sin salir de casa ni contestar teléfono. Diana no dejaba de insistir. La abandoné.

Vuelvo al trabajo, me limito a mis obligaciones sin hablar mucho. Así pasan dos meses y mi cabeza no descansa de dar vueltas a lo que he vivido los últimos meses.

Hoy ha llegado Diego, nos fundimos en un eterno abrazo, pero no soy capaz de recibirle como la mujer que quedó aquí hace un año. Intento ser cariñosa y enamorada de mi marido, con todas mis fuerzas, pero reconozco que no somos los mismos, él también ha cambiado.

La convivencia se hace cada vez más extraña para ambos, me armo de valor y me siento con Diego a explicar lo que ha supuesto su ausencia en mí y acordamos una separación definitiva, quizá más positiva para los dos de lo que suele ser.

Empiezo a buscar a esa mujer que cambió mi destino de forma radical, que me convirtió en un alma loca y libre como es ella.

Ahora somos dos locas, pero muy felices.

 

Lourdes Hidalgo Briones

2019-06-30

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