Besana Villoria – Revista digital Besana de Villoria

JUAN HUARTE OSACAR – DOMINICO

CONVERSAR HOY CON TERESA DE JESÚS


Quintín, de hondas raíces castellanas, encontró un día en el pequeño palomar de Gatarredura la inspiración que vertebra su prolongado diálogo coloquial con los escritos de la Santa

Conocía el poemario Carne en fulgor, premio Kutxa Ciudad de Irún 2006, publicado hace ya casi una década por Quintín García, con quien tuve la dicha de compartir durante varios años la animación sociocultural y religiosa de la zona de Las Villas desde nuestra comunidad dominicana de Babilafuente (Salamanca).

Al leer ahora este nuevo poemario Íntimos retornos a Teresa –incluidos los dos en el libro nuevo Conversaciones íntimas con Teresa de Jesús–, donde prolonga y ahonda sus diálogos con la Santa, me han venido a la memoria entrañables recuerdos de un pasado no lejano compartidos con compañeros, amigos y conocidos con quienes pude disfrutar en momentos importantes e inolvidables de sus vidas: Bernardo, Andresito, Roberto, las dominicas María y Glicia de la comunidad rural de Vallejuelo en República Dominicana… Lo digo, porque ese rico entramado de rostros vivos, fuertemente sensibilizados e identificados con las heridas y gemidos de tantas ruinas humanas, constituyen en gran medida el trasfondo real de un paisaje que ayuda a contextualizar la desbordante cascada poética en la que va derramando el autor sus sentimientos e inquietudes más íntimas.

Quintín, de hondas raíces castellanas, encontró un día en el pequeño palomar de Gatarredura la inspiración que vertebra su prolongado diálogo coloquial con los escritos de la Santa degustando y rumiando los altos vuelos de su rica literatura espiritual a la vez que profundamente humana. La que fue en su tiempo abanderada inspiradora de la Reforma del Carmelo sigue siendo hoy referencia y testigo ineludible de una mística encarnada en la enconada lucha, cuerpo a cuerpo, de Jacob con su Dios.

«¿Hablar de Dios? Sólo/insinuar su Luz. Sólo tejer/con estas manos de Aracne, tan de Jacob en la lucha/al alba contra el ángel, una lejana imagen. O duda./O temblor. Balbucir sólo el tenue soplo/de su Viento…» (canto 18). //Sólo me llega un denso vestigio de silencios, Teresa./Y ecos./¿Cómo descifrar su clave?» (canto 20) Una lucha que sigue presente en el testimonio vivo de cuantos se esfuerzan por conseguir un mundo más justo y solidario. Personas que han experimentado la presencia humilde pero vigorosa del Dios de Jesús, contrapuesta a los poderes del mundo.
«Claro que es un Dios pequeñito, apenas/ sin mayúsculas ni grandes catedrales…/Un Dios frágil/ hecho carne en un rostro con síndrome de Down ‒que no/en los negros jinetes que extienden las plagas/ de la Bestia y sus sicarios del FMI y el Lehman Brothers‒; hecho/ temblor en una rosa nacida ya en noviembre/frente a las heladas asesinas» (canto 15).

A la luz de la rica simbología del viejo relato bíblico y en un tono desgarrado pero no menos esperanzado, el poeta –consciente de su pobreza: «pero, además de llorar, ¿qué hago yo?»- se solidariza con el clamor de tantas y tantas víctimas que reclaman un mínimo de justicia que encienda la luz en sus vidas. Ahora bien, su tono desgarrado, deja vislumbrar a su vez un rayo de esperanza: «Pero hay siempre, cuando busco, testigos/ de su aura en las orillas de los ríos, en los vertederos/ de las megápolis amarillas o en la fuente del pueblo/ lavándose el sudor de los caminos./ O en aquella tarde primera de fuego y luz, de teja/ y adoberas, en Gotarrendura./ En sus señales bebo hasta cerciorarme/ del vigor de su voz» (canto 21).

Gracias, Quintín, por tus palabras cargadas de sinceridad y autenticidad –llevan el sello de tu inestimable sensibilidad y generosa entrega por las víctimas de nuestra sociedad-, en las que contemplamos una nítida radiografía de cuantos buscan y anhelan en medio de la noche oscura el alba de la esperanza.

Fuente: Norte de Castilla

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