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"Oiga, señor, ¿usted sólo vende motos cada cuatro años?

ESTE AÑO TODOS EN MOTO


«Oiga, señor, ¿usted sólo vende motos cada cuatro años?
Nuestra España se está empezando a alborotar o, mejor dicho, una clase de españoles cual hermanitas de la caridad que cada cuatro años nos quieren vender la moto. Cada uno de ellos dice que la suya es la mejor y que si se la compramos nos dará muchas prestaciones, algunos nos ofrecen nuevos modelos que nos llevarán al paraíso.

Este modelo lo ha ido inventando el señor Rajoy. Se lo están fabricando a marchas forzadas para llegar al crecimiento de no sé qué tanto por ciento y le va a regalar una a cada parado para que vayan a trabajar en moto. Fijaos la prisa que se tendrán que dar para tener más de cuatro millones de motos, aunque si sólo llega a la cuarta parte no pasará nada, porque, cuando pasen las elecciones, ya tendrá bien pensado lo que tiene que decirles a todos los que no les haya llegado su moto. Yo también lo sé. Les dirá: «no os preocupéis que dentro de otros cuatro años tendréis vuestra moto» y, como ya estaremos al nivel de los países más poderosos, pues todos contentos.

Hace unos días acudí al mercado para hacer la compra habitual y, al entrar, vi un grupo numeroso de personas más voluminoso de lo normal, así que me acerqué y, cuál fue mi sorpresa, cuando vi que allí estaba un vendedor de esas motos ofreciendo el oro y el moro, pero no os imagináis lo satisfecha que volví a mi casa, ya que allí había una señora con dos bemoles que muy tranquila le espetó: «Oiga, señor, ¿usted sólo vende motos cada cuatro años? Lo digo porque yo vengo aquí casi a diario y no le he visto a usted ni un solo día». Al señor le cambió la cara, no contestó. Ciertamente le rompió todos los esquemas, con toda seguridad, intentaba colocar allí todas sus motos. Lo que no sabía este, y otros como él, es que a las que vamos a los mercados no se nos engaña tan fácilmente, somos las sufridoras de sus mentiras y desmanes, las que acudimos a la compra a hacer de una peseta un duro, y ello gracias a los miles de millones que ellos nos han robado y nos siguen robando, que no ven hartos.

Lo que no sé es cómo no se les cae la cara de vergüenza, presentándose cara a cara con las personas que peor lo están pasando, porque a estos mercados no va la gentuza de su calaña mirando de puesto en puesto para comprar las sardinas más baratas o algún congelado, ellos acuden a establecimientos de denominación de origen, como si los pobres no tuviésemos paladar. Qué vergüenza de ladrones sin vergüenza ni conciencia. Me pregunto qué digestiones harán si piensan sólo por un momento los miles de niños que hay días que no comen.

Yo paso a diario por una calle donde hay un comedor solidario, allí se agrupan a la hora del reparto cada día más personas, sobre todo madres y abuelas, para poder dar de comer a sus hijos.

Os aseguro que cuando comencé esta colaboración para Besana, pensé que la acabaría con la misma ironía con la que empecé, pero no puedo, esto me supera y notaréis que a medida que avanzo me voy cabreando más y más, sobre todo si escucho que estamos a punto de ser otra vez ricos. Falsos, mentirosos. Preguntad cuándo y cómo van a remontar en su vida las personas a las que han echado a patadas de sus casas. Casas que los bancos mantienen cerradas. Estas pobres personas tienen que seguir pagando sus hipotecas y además se encuentran sin trabajo. ¿Es que alguien en estas circunstancias puede dar sentido a su vida? Pero a estos caraduras les da igual.

Estamos viendo a diario las sentencias de estos ladrones. Cuatro días a la cárcel, pero del dinero no devuelve nadie ni un duro. Mi opinión, como el sentir general, es que devuelvan el dinero y se reparta entre los que de verdad lo necesitan, y ellos con una mano delante y otra detrás, y que se busquen la vida para que sepan lo que es pasar necesidad. Pero no caerá esa breva con las leyes que tenemos, que sólo amparan a los ladrones. Nadie se hace responsable de nada, ni cajas B, ni cajas A, ni tarjetas, ni ERES… No sé cómo podemos aguantar tanto y, lo peor, es que esto no acaba.

En nuestra querida Besana he visto las candidaturas de las personas que aspiran a gobernar nuestro pueblo, a parte de ellas no les pongo cara, pero eso no me importa, sólo les pido que no sean vendedores de motos, que gobiernen quienes gobiernen, sean personas honestas, que se olviden de las siglas y sólo les muevan las ganas de trabajar por y para el pueblo, donde todos queremos estar a gusto y no renegando de él. Suerte a todos. En su momento ya daré la enhorabuena al que gane, aunque lo más importante es que gane el pueblo.

Yo amo lo sencillo, lo casero
a sus gentes humildes, verdaderas
a las cosas pequeñas, a las eras
al rebaño que abreva en la vereda.
Al niño que no sabe de dinero
a ti que, como yo, te desesperas,
que el viento reviente las cadenas
después de ser muy largas las esperas.

Saludos y buenos deseos para todos.

Basi Cascón

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