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HOY HABLANDO CON UN AMIGO DE NUESTRAS COSAS

SEÑOR ALCALDE Y SRES. CONCEJALES DE VILLORÍA


HOY HABLANDO CON UN AMIGO DE NUESTRAS COSAS
Hoy hablando con un antiguo compañero de trabajo me decía: ¿te has dado cuenta cómo cambian las cosas?. Nosotros, que hemos estado más de treinta años ayudando a subir y bajar del autobús a gente con problemas y ahora nos tienen que ayudar a nosotros para lo más básico. Asistí con la cabeza, no sé si porque me faltaban las palabras, no sé si de rabia o por resignación, la cosa es que le dije en plan como queriendo quitarle dramatismo ¡el cazador cazado!.

Y seguimos hablando de lo dura que es esta vida cuando las cosas se tuercen, pero como teníamos muchas cosas de que hablar dejamos el pasado para hablar de cosas del presente. Este compañero también es de Salamanca y como yo sé caso con una gallega y ya sabéis que cuando te casas, pasas a ser de donde es tu mujer y más, si es gallega. Así que como yo, ya lleva un montón de años por estas tierras que tengo que decir que nos han acogido muy, pero que muy bien. Pero aun siendo así, le pasa lo que a mí, la morriña de su pueblo le sale cuanto se le presenta la ocasión, así que empezamos hablar de nuestros pueblos. Él me decía que su pueblo casi había desaparecido y que él cuando iba se llevaba una terrible decepción pues no encontraba nada de lo que dejó atrás y me acabó diciendo: «A pesar de todo, aunque ahora sé que no volveré más, me da pena, porque sé que nunca me olvidaré de mis orígenes y sobre todo y lo más importante, que allí están mis padres enterrados y que allí fui muy feliz con mis amigos. Cuando pienso por lo que tuve que salir me da rabia, aunque aquí haya sido feliz, no me olvido de los fachas de mi pueblo que se creían dueños del bien y del mal, que nos empujaron a emigrar para no morirnos de miseria». Yo le comprendía porque no sólo en su pueblo pasaban esas cosas, por entonces vivíamos en una España llena de oscuros nubarrones, que hubo a quien le mojaron tanto que solo en la tumba se pudo sentir seco.

Cuando acabó de hablar me preguntó: ¿Y tu pueblo?, ¿qué me dices, cómo está, ha progresado, o se muere como el mío?. Mi pueblo, al revés que el tuyo, mi pueblo ha progresado mucho, no sé parece nada a como era cuando yo me fui de él. Cuando me fui, la mayoría de las casas eran viejas y las calles casi todas de tierra, ahora ha cambiado tanto, que los que vamos poco nos quedamos con la boca abierta al ver las casas y chalets que hay. Sus calles todas están asfaltadas, hay muchos árboles ornamentales en ellas, hasta hicieron ya hace muchos años una plaza de toros, pabellón de deportes, piscinas, campo de futbol y le seguí hablado de las cosas bonitas y lo bien que vive la gente en él y se quedó asombrado de las cosas que le dije que había en mi pueblo.
Dicen los del pueblo que ya parece una capital, cosa que a mí no me gusta mucho, pues una de las cosas que no me gustaría que mi pueblo perdiera, es la esencia de pueblo. Le pregunté si sabia andar en internet y me dijo que no, pero que su hija sí. Entonces le di la dirección de Besana, para que le dijera a su hija que entrara y así vería como es mi pueblo, pues en esa revista se publican las actividades que se hacen en él y puede que algún día, encuentre algo que de vez en cuando yo escribo y mando a esa revista y me publican.

Seguimos hablando toda la tarde y me dijo: ¿te has dado cuenta como han envejecido? Se refería a los amigos del pueblo, entonces le dije: ¡Hombre!, mírate tú y mírame a mí y saca la conclusión. Si nosotros estamos cascados, ya sabes lo que dice el refrán: «cuando las barbas de tu vecino veas afeitar pon las tuyas a remojar» y añadí: «envejecen allí y envejecemos aquí». Cuando él me habló lo de los viejos de su pueblo, me acordé de una carta que hace unos años mandé al ayuntamiento de Villoría porque me acordé de la gente mayor del pueblo y les hacía una pregunta al los que componían el ayuntamiento, les preguntaba si tenían algún día para homenajear a los mayores. Ahora os voy a mandar parte de esa carta porque creo que no se ha quedado desfasada, así mismo creo que su divulgación en aquella ocasión no traspasó las paredes del ayuntamiento, por tanto vale para el actual concejo y también para publicar en Besana.

Esta es la carta que hace ya unos años envíe al ayuntamiento de Villoría:

Señor Alcalde y Sres. Concejales de Villoría

En principio les diré que cuando tengo que dirigirme a personas con las que apenas tengo contacto y más, si es para hacerles una proposición que no sé si ya la habéis llevado a cabo, porque como hace tanto que falto de ahí, me siento un poquito cortado, como dicen los jóvenes de hoy. Pero los sentimientos sinceros son así, impulsivos, y lo más bonito es exponerlos allí donde te puedan escuchar …Por eso os pregunto antes de exponeros la idea : ¿ Os parece intromisión las cosas que os puedan proponer la gente de la calle?…Si así lo siento y lo tendré en cuenta para no repetir.,

Creo que estaréis de acuerdo, que todo cuanto somos se lo debemos a nuestros padres. Deseo de corazón, que como a mí, alguno os viva. Yo aun tengo ahí a mi madre, anciana, muy anciana, a la que recuerdo con mucho cariño, quizás más que cuando era joven, porque entonces no me paraba a pensar en el sacrificio que hicieron para sacarnos adelante, en aquella época tan dura que les tocó vivir. Hoy sí lo pienso, y se lo agradezco inmensamente. No dudo que a vosotros os pasara lo mismo.

Y ahora os diré lo que deseo…Hace unos días, comprobé en una reunión de ancianos a los que se les homenajeaban por sus largas vidas, como, al recordar su pasado, se les saltaban las lagrimas y les escuché decir, que no eran los años los que les pesaban, sino la soledad a la que estaban sometidos: unos, en residencias, y los más fuertes y con suerte, en sus casas, pero solos,… muy solos. Me causó pena el acto y censuré esta forma de vivir, siempre deprisa, sin mirar a quien dejamos atrás.
Es posible que alguno os preguntéis ¿…y por qué éste nos lo dice a nosotros?…. y la verdad, es que puede que tengáis razón, pero no hay otra forma de llegar a los que pueden hacer algo en sus pueblos, con aquellos que poco a poco, envejecen en ellos y se los ve tristes y solos…y en los ayuntamientos, algo podéis hacer:

¿Habéis dedicado algún día a los mayores del pueblo?

….a esos mayores que, como en todas partes, esta sociedad de las prisas que vivimos, tiene apartados…Os lo pregunto…No,…no os lo censuro, porque no sé si lo hacéis, cosa que me encantaría que hubierais hecho, aunque yo lo ignorara. En ese caso, os pediría perdón, por la molestia que os causo haciéndoos perder el tiempo con mis impulsos sentimentales. Pero si no lo habéis hecho, sí que me gustaría que hicierais el esfuerzo para poner un día señalado para ellos. Que los llevarais a esos salones que me han dicho que habéis construido en las antiguas escuelas, por las que quizás alguno pasó cuando fue niño ( yo casi aprendí a leer en ellas en el turno de noche)… Si les dierais un día de fiesta, si le homenajearais un día, veríais brillar sus ojos, ya casi apagados, que siempre será más hermoso, que ver llorar a quien todo se lo debemos.

Quiero recordaros, y viene a cuento, que hace ya unos años, pasé el día de todos los Santos en el pueblo. Hacía tanto tiempo que no estaba ese día ahí, que quedé impresionado cuando visité el cementerio. Ya sabéis, los que me conozcáis, que yo ya empiezo a ser parte de los llamados de la tercera edad, por eso mi impresión fue mayor aquel día. Allí me vino la idea de lo que ahora os propongo, y me atreví a expresar mis sentimientos en esos versos que ilustran la realidad hacia donde caminamos todos…Por eso os los mando, no para presumir de ellos, sino para reflexionar de lo que somos y donde acabamos… y que hacer el bien sin mirar a quien…. no solamente es un refrán, es una satisfacción que engrandece al que lo hace….

EL DIA DE TODOS LOS SANTOS

Después de muchos años ,….volví al viejo cementerio de mi pueblo

La noche era fría y temblaba el alma,
ya no sonaba la campana ni la esquila,
los nuevos tiempos borraron su eco
y el aire tañía recuerdos
mezclados de dolor y melancolía.

El día había pasado recordándoles
al joven, por su vida truncada,
del viejo, su historia pasada,
y ahora todo… reducido a nada.

Las gentes en el cementerio
caminaban en silencio,
leyendo el cariñoso epitafio
un adiós de aquellos que te quisieron
el adiós… de nunca te olvidamos.

Y yo caminaba extraño entre los vivos
recordando a los muertos,
porque ellos fueron mis primeros amigos,
y entre ellos… no era forastero.

Y miraba a las frías sepulturas,
como los claveles y las rosas resaltaban
y como el frío mármol se cubría,
de infelices miradas
que hasta el fondo de las tumbas penetraban,
llenándolas de inocentes preguntas
…que nadie contestaba.

Blancos pañuelos se veían,
en manos temblorosas
limpiando tiernamente sus mejillas,
de lagrimas piadosas.

Algunos eran ojos cansados,
de esta vida fría, dura y penosa,
y también de jóvenes tristes e incrédulos
en situación temblorosa..

Y cuando mis ojos recorrían
el tétrico espacio,
vi como con unos pétalos caídos
jugaba el viento.
Se los llevó a tierra de nadie
y llegó a mí un pensamiento.

Me acordé de mis abuelos,… de tus abuelos,
… ¿estarían ellos allí? …no lo sabía,
las nuevas tumbas vinieron
a perturbarles su sueño,
su sueño eterno,…yo, ¡yo os recuerdo!

Aquella tarde elevé mi vista al inmenso cielo,
y embriagado del dolor y de recuerdos
me salieron estos versos
cargados de sentimiento.

¡Luna!…luna que sales de noche
en compañía del lucero,
coge un ramito de estrellas
y llévalas hasta esas tumbas,
olvidadas en el tiempo,
y diles unas palabras,
diles …¡que yo los recuerdo!

Cruel es el que olvida su pasado….esto es lo que yo os quería decir: ¡Qué no os olvidéis de los viejos!…pues muchos se fueron ya de este mundo, sin que ese ayuntamiento, ahora democrático les hiciera acto de desagravio por las penas sufridas injustamente, cuando como vosotros, representaban ese ayuntamiento elegidos por el pueblo, en aquella época incivil, de la cual mejor es olvidarnos, pues sus penas se fueron con ellos a las tumbas, sin que nadie reconociera el error.

Ahora que tanto se habla de los archivos de Salamanca y de las tumbas perdidas, no estaría mal recordar que, en esas tumbas y en esos archivos hay papeles de personas que sufrieron juicios sumarísimos de gente de nuestro pueblo bien conocidos, pero ya olvidados.
Nunca entré en el viejo ayuntamiento de Villoría mas allá de la puerta, pues me fui muy joven del pueblo, no sé si buscando un mundo mejor, pero mis sentimientos se fueron conmigo y siempre pensé que quizás existiera algún rinconcito con recuerdos de aquellos hechos…¡Cómo me hubiera gustado escudriñar en ellos para saber si por allí había algo de la historia que a mí me contaron!…Que fue triste, muy triste, pero cierta, porque quien me lo conto, lo sufrió…

Ya sé que vosotros no existíais cuando aquello pasó, pero los que vienen detrás y mandan, tienen la obligación de subsanar los errores y eso, no quiere decir sentirse culpable de nada.

No sé si esto os sentara bien, porque no sé cuanto sois de «políticos» o cuanto sois de «gestores». Éstos últimos, son los que a mí me gustan en los pueblos, porque creo que son los que sienten el pueblo de verdad y los que nunca pueden hacer mal a nadie en él. No estoy mezclando, aunque lo parezca… quiero que el final de todos, sea el irse de este mundo con la conciencia tranquila perdonando y siendo perdonado….y os pediría otra vez, que pongáis un día para honrarlos, a unos y a otros, porque ellos siempre nos recordaran, donde quiera que estén, pues su deseo ha sido siempre vernos vivir en paz, en un mundo mejor…

Sigifredo María Cascón

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