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...CENA COMPARTIDA... ...¡CHARLA, DEBATE Y PARTICIPA!...

CUARTA CHARLA-DEBATE «GENERANDO ALTERNATIVAS DESDE LO COTIDIANO»

…CENA COMPARTIDA…

…¡CHARLA, DEBATE Y PARTICIPA!…

Después de la tercera charla, dentro de ese espacio que hemos llamado «Nuestros Pueblos» en la que contamos con la dinamización de Emiliano de Tapia, hablando del mundo rural, de la pérdida de identidades, sobre la generación de nuevas alternativas como es la soberania alimentaria…

El próximo día 3 de agosto a las 20:30 nos reuniremos de nuevo, primero compartiendo una cena, con lo que cada uno/a lleve y después a las 21:30 horas analizaremos, hablaremos y debatiremos sobre alternativas que se están desarrollando desde lo cotidiano.

Para ir abriendo debate os presentamos un texto del colectivo de educación ADRA que lleva muchos años defendiendo otra forma de ver las relaciones sociales sobre el poder establecido.

¡OS ESPERAMOS!

PODER, MIEDO Y DESOBEDIENCIA
Toda imposición basa su fuerza en la violencia y sobre todo en la amenaza de la misma. Para instaurar esta amenaza se ha afianzado la industria del miedo. De hecho en los países enriquecidos el sistema no se sustenta en una fuerza brutal y despiadada sino en la colaboración ciudadana, el conformismo aprendido, el miedo a posibles represalias si no obedecemos.

Es más sutil, mejor aceptado y lo que es más importante: más eficaz.
Los ciudadanos domesticados no temen a la policía, si no a la precariedad laboral, a quedarse sin subvención, a la exclusión, al «qué dirán»..

El control va ganándole paso a la represión. Para evitar el tener que pegarnos si protestamos, tratan de quitarnos las ganas de movilizarnos e interiorizamos pensamientos como: ¿Para qué luchar si no se consigue nada?», ¿Por qué me quejo si otras personas están peor?», «Yo lo haría, pero la gente es tan pasiva…»

Pero este recurso al miedo indica también un punto débil de las democracias formales, ya que lo hacen porque ni les interesa ni están preparadas para reprimir con violencia una desobediencia generalizada. Reservan la fuerza bruta tan sólo contra los elementos más díscolos de la sociedad o contra rebeldías puntuales.

¿Y COMO SE HACE ESO DE DESOBEDECER?
En una educación popular no es necesario que nadie nos enseñe para que podamos aprender e ir transformando la sumisión en responsabilidad. Unas ideas para abrir debate podrían ser:
¿Sabemos dónde estamos realmente? Suena cursi, pero es el punto de partida de cualquier proceso de cambio personal y colectivo. Sólo podemos avanzar si nos apoyamos en nuestros deseos, necesidades, miedos reales (no en donde queremos o creemos estar). Las ideas podemos tenerlas más o menos claras, pero sinceramente… ¿qué me aporta personalmente estar en este colectivo y no en otro? ¿qué se me remueve cuando obedezco o desobedezco?

Actuar en nuestros colectivos desde la horizontalidad, confianza, respeto y apoyo mutuo supondrá una gran ayuda y complicidad en nuestro proceso personal, a la vez que nuestro crecimiento personal irá enriqueciendo el colectivo.
Nuestros errores: principal laboratorio de aprendizaje. Nos educan en el miedo a nuestras equivocaciones, a no experimentar cosas nuevas, a delegar en expertos/as que supuestamente saben más de nuestras vidas que nosotros/as mismos/as…

Pero los errores son parte inherente de nuestra vida, tenemos que reconciliarnos con ellos.
A desobedecer se aprende desobedeciendo y aprendiendo de la propia práctica, reflexionando sobre nuestros errores y aciertos. Si te dicen que vas por el mal camino, posiblemente signifique que les asusta que vas por tu camino (o al menos por uno que no es el suyo).
Clarificar los pasos a ir dando. No confundamos nuestros deseos con nuestra realidad. Lanzar llamamientos a la gente para que desobedezca sin analizar los pasos a dar es tan inútil como exigir sol en invierno. Un objetivo ideal requiere personas ideales que no existen, así que nos frustraremos por nuestra incoherencia, por la falta de compromiso de los demás, por la debilidad de nuestro colectivo..

Pero tampoco avanzaremos si sólo nos centramos en la urgencia del día a día porque necesitamos referentes ilusionantes hacia los que dirigirnos.

Si quiero subir a lo alto de una escalera, tan necesario es saber dónde está el último peldaño como el primero. Por eso el reto es descubrir qué pasos podemos ir empezando a dar aquí y ahora, desde nuestras limitaciones, en dirección a nuestro ideal.

Para ello es importante plantearnos unos objetivos intermedios que puedan cumplirse en un tiempo marcado y que no nos harán alcanzar ese ideal, pero sí avanzar hacia nuestro referente.

Desobediencia cotidiana para interiorizar la desobediencia política. No queremos esperar a la revolución futura sino ir construyendo alternativas que nos den respuestas en el día a día. Preferimos ir ganando pequeños espacios de libertad que pasarnos la vida deseando la «Libertad Plena».

Es importante el proceso, cuidarnos, empezar por desobedecer aquello que nos motive más, sea porque no nos supone grandes consecuencias (dar de mamar a nuestros bebés en espacios públicos para ir normalizando esta práctica), o porque nos cubra una necesidad fundamental en nuestra vida (ocupar la vivienda que necesitamos para vivir), o sumarnos a campañas de muchas personas desobedientes para minimizar posibles represalias (como ocurrió con la Insumisión)…


EDUCACION PARA LA DESOBEDIENCIA: ¿Y SI NOS DESOBEDECEN?

Cuando una situación nos desborda, el saber que podemos mandar y que nos obedecerán nos puede dar la sensación de seguridad, mientras que la capacidad de desobediencia de un grupo aumenta nuestra inseguridad.

Nadie trata de favorecer valores que atenten contra su estabilidad; sin embargo, la única forma de fomentar un valr es con nuestro ejemplo (no podemos dar azotes a un niño mientras le decimos «no tienes que pegar nunca a nadie»), por lo que para fomentar el auténtico sentido crítico (tan de moda en las programaciones educativas) tenemos que favorecerlo contra nuestra forma de funcionar.

Nos desborda que no nos hagan caso porque se nos olvida que niños y niñas necesitan desobedecer como proceso natural en la búsqueda de su identidad personal. De peques los vestimos, alimentamos, peinamos… a los 40 ya no hacemos ese tipo de cosas y, entre medias, hay un proceso constante de cambio, de ir adquiriendo identidad individualizada.

Este crecimiento personal se desarrolla muchas veces desde el enfrentamiento con la autoridad que le impide ser como quiere ser.
Es importante que no lo olvidemos para desculpabilizarnos de su desobediencia: generalmente no están pretendiendo agredirnos, sino que se están descubriendo , investigando, afianzando…y debemos respetar esa búsqueda.

De modo que tan normal es que tratemos en ocasiones de imponernos desde nuestra inseguridad (aunque tenemos que ser consciente de la reacción que genera en los demás) como natural es que experimentemos desde la desobediencia nuestro lugar en el mundo.

Si impedimos que nos desobedezcan sólo les estaremos dejando dos salidas para que nos expresen su malestar: la violencia (si no la dirigen contra nuestra autoridad la desviarán contra otros/as más débiles) o el pasotismo (la vía de disidencia más tolerada socialmente)
Facilitar que nos desobedezcan no significa que hagamos siempre lo que nos planteen (el derecho a desobedecer no evita su posibilidad de equivocación ni nuestra necesidad de seguridad), pero sí implica tratar de entender por qué y para qué lo hacen. Abrir el diálogo con quien desobedece significa reconocer que pueden llevar razón en su crítica, valorar si propone alternativas como propuestas de mejora, conocer una realidad que no percibimos anteriormente (puede haber motivos personales o externos que lo justifiquen), salir de la inercia de castigar su desobediencia por sistema… Toda desobediencia es una llamada de atención para saber que algo no anda bien con quien nos desobedece y que debemos mejorar nuestra comunicación: ¿la norma desobedecida no le aporta seguridad? ¿cómo y con qué criterios y participación se elaboró la norma? ¿estaré, con mis actitudes, transmitiendo mensajes que no deseo? ¿por qué pretende llamar la atención?…Deseducarnos de valores aprendidos y descubrir e interiorizar aquellos que deseamos es un proceso difícil (y por lo tanto posible) y apasionante que implica, a su vez, un proceso de conocimiento y aceptación personal y colectivo. «El no perder nunca los nervios», «la plena seguridad», «las ideas claras»… son escudos para esconder carencias cuando no queremos o no podemos afrontarlos.

Nosotros/as nos quedamos con la fortaleza de nuestras lágrimas, la convicción de nuestras dudas como espacios de búsqueda, y la certeza de nuestros errores como herramientas de aprendizaje. Serán errores, pero son nuestros..


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