Besana Villoria – Revista digital Besana de Villoria

LA ORQUESTA ESTRELLA DE LAS FIESTAS: ESTRELLADA

«No es ninguna deshonra bailar pasodobles y menos tocarlos y cantarlos»
No seré yo precisamente quien vaya a hacer una encendida defensa ni de las verbenas ni de la música que allí se oye. Lo que si es cierto es que son uno de los puntales sobre los que se asientan las fiestas de cualquier pueblo y si hablamos de fiesta hablamos de diversión. En una verbena la gente presente es variopinta en sexo, edades y gustos por tanto mantener un cierto tono y contentar a todos es una labor harto difícil por no decir imposible. Esto lo saben las orquestas que vienen y han optado por una solución facilona a la par que injusta. Dedican la primera parte de su repertorio a un público que, teóricamente- y siempre según ellos- debe ser amante de pasodobles, rumbas, cumbias, salsa, jotas etc. etc. Vamos que los que pasamos de los cincuenta nos hemos criado entre este tipo de música y la echamos tanto en falta que nos tienen meter un chute de la misma cada fiesta para animarnos.

Quizá habría que recordarles a los líderes de estas orquestas que los componentes de grupos como Beatles, Rolling Stones , Queen, etc. etc..forman ya parte del club de los sesenta e incluso de los setenta , que hemos bailado hasta hartarnos en lo que entonces llamaban discotecas con Boney M, Donna Summer, Tina Charles, John Travolta etc. etc. etc. y que nos hemos achuchado a oscuras con las canciones de Pink Floyd, de Roberta Flack, Chicago, etc. etc. etc. Vamos que muchos de nosotros no habíamos bailado un pasodoble una rumba o una cumbia hasta que, obligados por las circunstancias, por amor al arte -o a la parienta- o porque realmente nos gusta mover el esqueleto al ritmo que sea, las verbenas y bailes fueron visita obligada en las noches de las fiestas.

Con esto no quiero decir que de vez en cuando no nos guste «echar una pieza» de este estilo, pero creo que ya esta bien de esa división radical entre la primera y la segunda parte de las verbenas. ¿Quien ha dicho que no nos guste a nosotros bailar canciones de Melendi, o de Estopa o del Canto del Loco? ¿Por qué no vamos a poder bailar canciones de Lady Gaga o de Rihanna? ¿No es verdad que a más de un joven no le importa bailar una rumbita o una cumbia? Pues amigos es bien fácil, entre col y col meter lechuga y todos tan contentos.

A mí desde luego me preocuparía que la gente que me paga por bailar y divertirse no hiciera ni lo uno ni lo otro y esto ocurrió el pasado sábado en el inicio de la verbena que ponía punto y final a las fiestas. El vocalista de la orquesta Liverpool, que venía como orquesta estrella se estrelló pero bien. Por educación omitiremos los calificativos que más de uno le dedicó. Empezó su actuación tarde y mal, y para más inri provocando a un público que, estoicamente, había aguantado el retraso y con el que no conectaba con sus primeras canciones. La solución- ¡Cómo no!-: un pasodoble. Pero con recochineo y provocación. Suerte que los allí presentes éramos gente pacífica, tranquila y, por supuesto, más educados que él, por lo que la cosa no fue más allá de abucheos, silbidos y de algún calentón que a alguno le hizo hasta sudar. Como somos gente mayor, nos fuimos a casita antes de terminar la verbena, no sabemos como terminó, lo que si sabemos es que terminó antes de lo previsto, algo de lo que algunos jóvenes se quejaban.

Por cierto, y para finalizar, decir que no es ninguna deshonra bailar pasodobles y menos tocarlos y cantarlos. Para el «lider» de los Liverpool: aquí te queda un ejemplo de un pasodoble cantado por un andaluz de pro. Es curioso que a un fenómeno y un artista como era Carlos Cano no le importara llevar pasodobles en su repertorio y si a una orquesta como la tuya. Va por ti, maestro.

S.P.P.

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