Besana Villoria – Revista digital Besana de Villoria

RECUERDOS DE LA ANTIGUA BESANA


¿Acaso has oído hablar de la fiesta de la machorra?
En Agosto de 1989, concretamente en el nº 12 de Besana, Alejandro Chapado nos hacía una amplia exposición del origen de esta fiesta tradicional entre agricultores y ganaderos de Riolobos. Veintidós años han pasado desde que lo escribió. Vaya para el nuestro recuerdo de esta semana.

LA FIESTA DE LA MACHORRA

Historia de unas vidas, costumbres…

1.-La reforma agraria

Era por el año 1934. Un organismo oficial,, que entonces se llamaba Instituto de Reforma Agraria, contactó con la propietaria de la finca de Riolobos, una marquesa, paran comprarla y colocar en ella a 80 familias de Villoria y 30 de Poveda de Las Cintas. Por aquel entonces estas familias no tenían más que una hoz para segar y un azadón para cavar. Sin otros recursos que las dos pesetas de sueldo que ganaba el que lo tenía. Otros tenían que irse a «esmatar» a los montes, dejando a sus familias durante unos meses, para traer unas cuantas pesetas y poderlas sacar adelante. En esta precaria situación se empezó a afrontar este cambio de vida, que para estas familias nos pareció que habíamos subido del infierno casi hasta el cielo.

Gracias a este organismo oficial, a los pocos meses se hizo un mercado de ganado en el Arenal (donde hoy está el Cuartel, la Cámara, el Consultorio Médico y toda esa barriada. Entonces no había casas). Allí se nos compró un buey o una mula para cada uno y, como es natural, hubo que juntarse unos con otros para hacer pareja. Allí se empezó a fraguar lo que en realidad se llamó una casa de labranza, ya que cada uno se hizo con un arado y se compró un carro. Todo, como es natural para la pareja.

2.-La contienda nacional

Cuando se estaba empezando el cambio de vida de estas familias que habían pasado de la esclavitud a poco menos que la ilusión, llevando a penas dos años en el cambio (unos trabajando allí y otros a ganar lo que podían) vino la contienda, que para ninguno fue buena porque el enfrentamiento de las dos Españas a nadie nos benefició, y entonces llegó el descalabro. Los hijos mayores a la guerra, los recien casados tuvieron que dejar todo abandonado, y los que teníamos 15 ó 16 años, con los hombres mayores, tuvimos que recoger las cosechas de los otros que se marcharon.
Así se fueron pasando unos cuantos años. Unos con ansias de vivir mejor. Otros, un poco desilusionados al ver que aquello no daba para vivir cómodamente porque era muy poca tierra la que se labraba, optaron por ir abandonándola. Y, como es natural, se repartía entre los que quedaban. Hasta tal punto que, de 80 que entramos, en el año 46, por ejemplo, quedamos unos 40.

3.-Los orígenes de la fiesta

Ya por esos años, siendo yo un joven de los que por allí quedamos, nos convocó el Ministerio de Agricultura para que nos presentásemos en Agueda del Caudillo, que allí nos recibía el Caudillo para entregarnos el título de las tierras, y nos proporcionaron un autocar. Yo, un joven todavía para estas lides, tuve que ir al frente de aquellos hombres curtidos por el trabajo y los años para recoger de manos del entonces Jefe del Estado, uno por uno, el título de los 40 compañeros que entonces componíamos la Comunidad, como así se denominaba.
Entonces fue cuando empezó la historia de la famosa «machorra». Hombres con más experiencia en la vida que yo iniciaron eso que se llamó una «carrobla». Consistía en que el ganadero que arrendaba las rastrojeras tenía que dar una machorra y dos cántaros de vino todos los años. Así que cuando llegaba el día, aquello parecía un día de boda. Se comía, se bebía, se bailaba, se disfrutaba y se veía un gran compañerismo, aunque al día siguiente todos fuéramos diferentes.

4.-En la actualidad

Así, año tras año, vamos disfrutando de este día que para nosotros es un gran recuerdo. Porque ahora no es una machorra, son tres, y ya no va sólo el colono sino también su esposa, y el que no la tiene lleva acompañante o viceversa. Esta fiesta generalmente la celebramos el día del Pilar (12 de Octubre) y, a mayores, traemos callos y se hace una buena chanfaina. Después, como buenos amigos y compañeros, vienen los pasteles, las copas, las farias y todo lo que haga falta en una fiesta tradicional como esta que veníamos celebrando desde hace cuarenta y algunos años. Y con eso recordamos a aquellos que, por avatares de la vida, descansan ya en la paz del Señor.

Para continuar con la vida de estas familias y de la mía misma dejo abierto el diálogo para seguir explicando desde el año 46 en adelante en otra ocasión.

Alex Chapado Pérez

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