Besana Villoria – Revista digital Besana de Villoria

LOS NEGATIVOS.


Este artículo va dedicado a aquellos vecinos de Villoria que nunca o casi nunca están de acuerdo con lo que sucede a su alrededor. Me preocupan estas personas porque con esa actitud jamás llegarán a ser medianamente felices y la sonrisa y la alegría desaparecerán poco a poco de sus vidas. Su comportamiento negativo acaba influyendo también en las personas que les rodean y, por extensión, en todo el pueblo. Y si Villoria se ha convertido a lo largo de los años en un gran pueblo no ha sido por comportamientos negativos, sino todo lo contrario.

Esta actitud la he podido observar, por ejemplo, antes y durante las últimas fiestas: estas personas aseguraban que Janeiro y Canales Rivera nunca vendrían a torear a Villoria. El falso rumor creció tanto que hasta que no vimos en persona a los dos toreros, no estábamos seguros de que fueran a llegar. Durante festejos taurinos algunos decían que los toros no eran bravos, o que eran pequeños o que no embestían. Con las verbenas sucedió lo mismo; que si empezaban tarde, que si tocaban mal, que si los músicos descansaban demasiado…con la carne de las vacas idem de lienzo: que si echaban poco, que si estaba sosa, que si qué pinta aquí ése o el otro. En fin, que estaban a disgusto con todo. Por supuesto que los culpables de todo siempre son el alcalde y el Ayuntamiento. La pena es que esta actitud persiste durante todo el año y con cualquier motivo.

Afortunadamente estas personas son una minoría. La mayoría de los vecinos de Villoria se limitan a disfrutar como se merecen de nuestras fiestas patronales, independientemente del color político de quienes nos gobiernen. Últimamente, ser alcalde o concejal del Ayuntamiento de Villoria, supone someterse a críticas y comentarios insultantes y destructivos incluso cuando los ediles no han tenido siquiera la oportunidad de comenzar a trabajar. Por extensión, tampoco se libran su familiares y parientes.

Por supuesto que no es agradable que gobierne en el Ayuntamiento un partido contrario a tu ideología y a tu forma de pensar, pero así son las reglas del juego democrático, para bien o para mal. Hay otras alternativas, otras formas del gobierno, por supuesto, pero la historia y la experiencia nos han demostrado que son bastante peores y que tienen consecuencias irreparables. La democracia se convierte en algo mucho más cercano y directo en un pueblo como el nuestro, en el que todos nos conocemos y convivimos día a día. Hemos nacido aquí y muchos moriremos aquí; toda la vida irremediablemente juntos, vecinos para siempre. Por eso mismo resulta ridículo que nuestras ideas políticas se conviertan en algo que nos separe y nos impida compartir lo más importante que tenemos: nuestra vida.

Estamos perdiendo el respeto más elemental y democrático hacia personas que no hacen otra cosa que perder tiempo y dinero en beneficio de todos. Luego podrán hacerlo mejor o peor, acertarán o errarán, pero siempre debemos suponer que lo hacen con la mejor voluntad. Me ha sorprendido agradablemente ver durante las fiestas a concejales de uno y otro partido codo con codo sin el mayor inconveniente. Lástima que no lo veamos en más ocasiones.

Lo curioso de estas personas «siempre negativas» es que son totalmente polifacéticos, tremendamente entendidos en cualquier disciplina que se les ponga por delante: entienden de toros en la plaza; de música en las verbenas; de gastronomía cuando comemos el chocolate con churros o las vacas; de pelota en el frontón; de urbanismo cuando se hace una nueva calle o edificio público…Hasta creo que ganarían el concurso de cultura si se lo propusieran.

Yo no entiendo mucho de casi nada, pero creo que estas personas están malgastando su energía y conocimiento. Dentro de nueve meses se celebrarán elecciones municipales; deberían presentarse a los comicios y brindarnos a todos los vecinos de Villoria la oportunidad de elegirles para que solucionen todo aquello que no funciona, todo aquello que ellos consideran equivocado y que está patas arriba. Será una buena ocasión para que sus palabras y sus críticas tomen forma y se conviertan en soluciones para los demás. Pero, cuidado, deben saber que quizás haya otros vecinos que hablen mal de ellos y de su familia y que consideren que están equivocados o que se rían de ellos. Yo, por mi parte, me comprometo a no hacerlo.

EL PÁNCARO.

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