Besana Villoria – Revista digital Besana de Villoria

CAYÓ EL JUVENIL


Transtormesina, 3- Promesas de Villoria, 2

Es obvio, pero conviene recordar que en un encuentro de fútbol gana el equipo que es capaz de marcar más goles. En el encuentro de este aciago Día del Padre, a pesar del dominio claro de nuestros chavales, el equipo salmantino marcó tres goles, dos de ellos relacionados directamente con fallos defensivos, siendo el tercero fruto de un contraataque bien elaborado. Digo que los dos primeros fueron consecuencia de fallos defensivos, pues así debemos considerar a las pérdidas de balón que a menos de treinta metros de nuestra portería se producen. Ha sido constatable que ha habido abuso de toques de balón innecesarios en una zona peligrosa. La clase de alguno de nuestros jugadores permite realizar estas jugadas atractivas, pero como en el caso de hoy poco productivas y muy comprometidas.

Volviendo a la afirmación que encabeza esta crónica, si el equipo salmantino marca tres goles y los de Las Villas solo 2, después de numerosas ocasiones desaprovechadas, conviene recordar la necesidad de afinar en los tiros y no recrearse en los regates de última hora que poco aportan al resultado.

No es costumbre, ni es conveniente hablar del árbitro del encuentro. En este caso procede decir que un joven aprendiz, que posiblemente tuviera dos o tres años menos que los juveniles no puede responsabilizarse de un encuentro de estas características. Afortunadamente el partido no fue bronco, ni tenso, pero fueron claras las muestras de falta de rigor y profesionalidad del «joven juez». La Federación debe reparar estos errores y proponer árbitros maduros para estos encuentros.

LA AFICIÓN

Son pocos, pero sonoros los aficionados que siguen al Juvenil. Es este el momento de destacar a una aficionada muy particular, Isa. Con la mayor naturalidad del mundo afronta los encuentros con una lógica aplastante. Ya hemos convenido entre el resto de aficionados que le vamos a regalar un Reglamento. Pero a pesar de su reconocido desconocimiento de las normas de juego, nos alegra las mañanas con sus oportunas observaciones, y es que una madre, ¡siempre será una madre!

Lisardo Sánchez

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