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QUE BONITO ERA MI PUEBLO SIN SUS CALLES ASFALTADAS NI MONUMENTOS A HEROES Y SIN GRANDIOSAS FACHADAS

Empiezo así este escrito porque quiero hablar de cómo era mi pueblo cuando yo me criaba.

Dicen que el que se queda en el pasado es un hombre muerto.

¡¡Sin embargo, yo pienso que el que olvida ese pasado y de donde viene, mal lo tiene para saber dónde va¡¡

Esto, que creo que no soy solo el que piensa así, viene a cuento, porque lo que voy a escribir ahora son recuerdos de un pasado de mi pueblo Villoria, pueblo que al día de hoy solo queda de él, el nombre de su pasado.
Yo he contado la gente que había en mi calle cuando me criaba y los que quedan en ella ahora y ya se fueron casi todos, ¡Unos al otro mundo y otros a correr mundo¡ Y es una pena, que se abandonen por eso las viejas calles, las viejas casas. porque se han ido sus moradores.
¡No, no es normal eso, tenéis que mirar a pueblos pobres que hoy luchan para que los cascos antiguos no se abandonen ¡Luchar por el pueblo es un deber, no lo abandonéis que hay ahí recuerdos que nunca más se repetiran.
¡Y que la autoridad no haga nada para que no se abandonen esas viejas casas, esas viejas calles, es triste! Y luego con alevosía colonizar los hermosos prados, para que ya nunca vuelvan a ellos la primavera y en las viejas calles nunca más se oigan reír a niños, ni a mozos pasear por ellas, ni ancianos contando viejas historias.

Quería hablar en este escrito de otras cosas del pueblo, de las charcas, de los regatos, de los manantiales que había en Villoria. Ahora que el agua es un bien escaso y preciado, ahí se están desapreciando, ya no hay charcas, ya no hay regatos y los manantiales se están secando. Me da pena que los niños de ahora no vean correr como veíamos nosotros esos regatos que atravesaban el pueblo con sus aguas limpias y cristalinas, en los que podíamos beber sin temor a intoxicarte. Me da pena que no vean una charca donde cantaban las ranas, donde los renacuajos poblaban sus orillas. Nosotros, que entonces no habíamos oído hablar de lo que era eso de la Metamorfosis, ya veíamos como a los renacuajos les salían las patas, perdían el rabo y se convertían en pequeñas ranas. Un laboratorio natural del que nosotros los niños de entonces participábamos sin saberlo y sin libros, porque entonces un libro que hablara de eso, era un bien solo al alcance de unos pocos.

 Voy a contar los  manantiales que había en la ladera del pueblo, de los que yo ahora me acuerdo. Primero el caño viejo, un gran manantial  del que se surtía casi todo el pueblo, allí iban a lavar nuestras madres a sus pilones, con aquellos barreños o a buscar agua para beber con los cántaros de barro que hacían en Cantalapiedra ¡Cómo me acuerdo de aquellas mujeres cargadas con los cántaros y barreños en  la cabeza! Hasta que consiguieron llevar el agua del manantial al pueblo, facilitando el ingrato trabajo de acarrear el agua desde tan lejos. También me acuerdo de la  fuente el Moral manantial del que en verano recogían sus aguas en pequeñas presas para regar las huertas de la zona, el resto del año aquellas aguas atravesaban el pueblo por un pequeño regato de camino hacia las charcas, que entonces eran muchas  y sus aguas limpias porque de las fuentes que salían eran puras. Había otros manantiales en la ladera que hay desde la fuente el Moral a San Benito, donde había pequeñas huertas que se regaban con esas aguas que también recogían en pequeñas balsas ¡Era hermoso ver aquellas huertas en aquella ladera en pleno verano! ¡Parecían un tiesto adornando un balcón! Luego esas aguas en otoño e invierno corrían por el sendero de San Benito formando un regato, pantanos donde crecían los ricos berros, con los que se hacían las ricas ensaladas que ahora son tan difíciles de conseguir. ¡¡Cuántos berros crecían en los regatos de Villoria¡¡ Ya han desaparecido. Regatos y berros por el mal llamado progreso. Ahora lo estamos pagando.

¡¡Voy a seguir con otros manantiales¡¡ Los que había en la cuesta de San Benito ¡Eran hermosos¡ Manaban a borbotones hasta que hicieron la zanja que atravesó todo el prado de San Benito. Obra faraónica que hicieron los que tenían las parcelas para regarlas con esas aguas. ¡¡Que duros eran aquellos hombres¡¡ Esta zanja hizo que estos hermosos manantiales se secaran y dejaran de formar parte de aquel regato que corría camino abajo para unirse a la que manaba en la fuente de Alba. Y seguir hasta la Alameda y allí unirse a las que procedían del Juncal, otro manantial del que salía mucha, mucha agua, que se juntaban en la alameda y allí empezar a formar las dos primeras charcas, la que había detrás del corral Concejo y otra que había un poco más abajo, justo donde empezaba el prado y seguía por donde ahora es una calle, que entonces era un regato hondo, que corría a un lado el prado y al otro las casas que dan a la carretera. Este regato se unía al regato Valdemoraña. Este regato ahora también es una calle. Regato que cogía las aguas del Cachón que eran muchas y limpias todas juntas iban a parar al Charcón grande, charca hermosa, que en primavera se llenaba de nenúfares y se adornada por el lado del prado con juncos verdes y altos, donde se escondían las ranas a tomar el sol y cantar. Por el otro lado era llana, por donde bueyes, mulas y muchas, muchas ovejas iban a beber.

Había otras charcas que se llenaban de los manantiales del pueblo. La charca del cuartel, la charca de los Adobes, la del Berlino que estaba en el prado donde se hicieron las parcelas,  la charca del camino de Cordovilla la del camino Riolobos, estás dos se llenaba con las aguas de la lluvia, La de Valdaragona y la más original la de las Tollas o Espadañas. Esta se llenaba de sus manantiales. En estas charca, se dice que llegó a haber nutrias, pues abundaban en ellas cantidad de peces, sobre todo tencas ¡No, no os extrañéis¡ Entonces las aguas de  Villoria como las de Villoruela que se juntaban en el prado, eran limpias, puras y en cantidad, pues en los dos pueblos los manantiales eran muchos y corrían por el río Merdero hasta el Tomes en invierno y en verano, de donde procedían esas Nutrias que ahora no se ven, pero entonces eran  frecuentes en muchos, muchos charcos que se formaban en esa hermosa ribera, ahora tan diferente, seca y con sus aguas contaminadas.

 

 

Todo cantaba en mi pueblo

Yo te quisiera cantar

a ti mi querido pueblo

porque tú eres diferente

de todo cuanto Dios ha hecho

Debajo del ancho cielo.

 

 

Todo cantaba en mi pueblo

en mi pueblo todo cantaba.

 

El gorrión sobre el espino del Vallado

el jilguero en la cardancha

el tordo sobre el tejado

y entre los chopos la Urraca.

 

El gallo al amanecer

al ponerse el sol las ranas,

por la mañana el mortero

al desayuno avisaba

 

Todo cantaba en mi pueblo

en mi pueblo todo cantaba.

 

El reloj que hay en la torre

que tantos años contaba

Cantaba de noche y día

y a sus gentes avisaba.

 

Sus campanas sin igual

qué alegría despertaban,

cuando tocaban a vuelo

una gran fiesta anunciaban.

 

Todo cantaba en mi pueblo

en mi pueblo todo cantaba.

 

El chorrear de los grifos

del caño que había en la plaza,

cuando llenaban los cantaros

y el agua los rebosaba.

 

El transcurrir del regato

de camino hacia la charca

donde nuestras santas madres

con el frió y con calor

nuestras ropas, allí lavaban.

 

Todo cantaba en mi pueblo

en mi pueblo todo cantaba.,

 

Los mozos de la labor

cuando las tierras labraban

se oían sus tonadillas

que la yunta acompasaba,

con el crujir en el yugo

con el rozar de la maza.

 

La alondra se despertaba

cuando amanecía el alba

y se elevaba en el cielo

y allí parada quedaba.

entonando una canción

para legrar la velada.

 

Todo cantaba en mi pueblo

en mi pueblo todo cantaba.

 

Los chavales por la calle

en pandilla se juntaban.

cantaban como el gorrión

sin copas sobre la marcha.

 

Las fuentes de sus laderas

como la fuente del alba,

con su chorro siempre igual

cantaba de noche y día,

como banda acompasada.

 

Y como director de banda

un álamo la acompaña

con sus hojas blanquecinas

que cuando las mueve la brisa.

parece que son de plata

y cantan y cantan y cantan.

 

Todo cantaba en mi pueblo

en mi pueblo todo cantaba.

 

Y qué bonito era mi pueblo

sin sus calles asfaltadas.

sin monumentos a héroes

y sin grandiosas fachada.

 

De halamos y de chopos

son sus pequeñas alamedas,

donde canta el ruiseñor

al llegar la primavera.

 

 

La cuesta de san Benito

de tomillo perfumada,

en la carretera el monte

con hermoso olor a jara.

 

El olor a manzanilla

que todo su campo exhala

la amapola en el trigal

por sus colores destaca

el rojo de sangre brava.

 

Por eso los de mi pueblo

son todos la mejor casta

amigos de corazón,

amantes de la amistad.

sinceros en su decir

y de grandiosa bondad.

 

Ahora yo os pido perdón

por contar tan pocas cosas

me pasa, como aquella mariposa,

que recorriendo el jardín

Olvida la mejor rosa.

 

SIGI

Sigifredo Maria
Feliz Navidad  A todos.

 

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