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La luciérnaga huía de la feroz depredadora, pero la serpiente no desistía y la persiguió durante tres días.

COSAS DE FAMILIA


La luciérnaga huía de la feroz depredadora, pero la serpiente no desistía y la persiguió durante tres días.
Los usuarios de Besana sabéis de mis largas estancias veraniegas en mi amado pueblo. Después de algunos días, a medida que tomo contacto con mis paisanos, voy coincidiendo con personas y conocidos de toda la vida y entre recuerdos y anécdotas del pasado, surgen conversaciones de toda índole.

Hace unos días saludé a una mujer, buena persona y a la que me une muy buena amistad. Charlamos largo y tendido. A medida que avanzaba nuestra conversación noté en ella cierta tristeza, le pregunté que si tenía algún problema, se puso aun más triste y me dijo, palabras textuales: “Basi, mi familia está rota, tenemos muchos problemas, todos los hermanos estamos incómodos, mi cabeza no deja de dar vueltas preguntándome el porqué, si en nuestra casa nunca nos había ocurrido esto”, con lagrimas me dijo: “yo te aseguro que no le he hecho daño a ninguno y veo que cuando estamos juntos todos quieren tener razón y a mí me duele mucho, pero no encuentro la forma de arreglarlo, porque no hay ningún problema en concreto y se enzarzan por cualquier cosa”.

En ese momento me acordé de algo que había leído una vez, y es lo siguiente:
Cuenta la leyenda que una serpiente perseguía a una luciérnaga. Ésta huía de la feroz depredadora, pero la serpiente no desistía y la persiguió durante tres días. Ya sin fuerzas la luciérnaga paró y dijo a la serpiente: “¿te pudo hacer tres preguntas?” a lo que ésta le contestó: “no acostumbro a dar este precedente a nadie, pero como te voy a devorar puedes preguntar”. “¿Pertenezco a tu cadena de alimentación?”, pregunto la luciérnaga. “No”, contestó la serpiente. “¿Yo te hice daño alguna vez?”. “No”, volvió a responder la serpiente. “¿Entonces por qué quieres acabar conmigo?”, preguntó la luciérnaga, a lo que la serpiente respondió: “Porque no soporto verte brillar”.

Así pues le dije a mi apenada confidente: “he aquí la raíz de muchos males, la envidia y el egoísmo. Hoy en día no se soporta ver brillar a los demás y nos hacemos daño sin pensar si es a un hermano, un primo o el vecino del cuarto”. Cuántas veces habremos vivido situaciones parecidas sin tener la capacidad de resolverlas.

Seguimos con nuestra conversación y, como el hablar y ser escuchados te sube el ánimo, llegamos a quedarnos más tranquilas, pero sin quitar importancia a un tema tan grave y triste. Qué pase esto entre familias. Esta deshumanización, que parece la ley de la jungla. ¿Dónde está aquel cariño de hermanos? Cuando éramos niños siempre estábamos ahí con uñas y dientes para defender al más débil, en cambio ahora tenemos que mirar hacia otro lado cuando nos cruzamos por la calle. Qué tristeza sentirán esos padres que aún puedan verlo, con lo que lucharon para sacarnos adelante con respeto y con normas que todos acatábamos.

Siento pena a medida que avanza mi escrito porque me estoy dando cuenta que este mal endémico está demasiado extendido. A los hermanos, aunque todos vengamos de los mismos padres, la vida nos hace diferentes y como seres pensantes podemos discrepar y hasta discutir sobre los problemas que surjan. Lo que no tiene sentido es terminar los últimos años de nuestra vida como unos desconocidos. Existe una cita que dice que la familia nos la imponen, y a los amigos los elegimos nosotros, la cual pienso que es muy acertada. Luego, en casi todas las familias, suele haber una mosca cojonera o una serpiente como la de la leyenda, con tanto poder en la lengua que envenena todo lo que toca siendo una mala influencia sobre todo en personas con una voluntad débil que se dejan llevar sin darse cuenta de que su propósito es enfrentar a unos con otros. Una persona muy peligrosa es la mentirosa y rencorosa, a la que sólo se derrota con los mejores valores del ser humano: la voluntad o también con una sensación tan agradable como el perdón. Y como no pensamos a tiempo pues pasa lo que pasa.

Para terminar os digo que he vuelto hablar con la persona que me dio pie para mandar este escrito a Besana, se alegró mucho y me dio las gracias diciéndome que “si de todos los que lo lean alguno recapacita me doy por satisfecha”.

Un saludo para todos los usuarios de Besana con todo mi cariño y estos versos que escribí hace muchos años y que tratan esa parte tan importante de la familia como son los hijos, espero que os gusten.

CUANDO UN HIJO CRECE

Con voz solemne y discreta
y mi mente muy cabal
Dios perdone mis pecados
si en algo no soy legal.

Cuando un hijo te dice
que ya se ha enamorado
sientes que mil mariposas
revolotean en tu estómago.

Mientras que los hijos sueñan
los padres cuentan luceros
pintándoles prados verdes
entre los cipreses negros.

Recuerdo los despertares
dulce abrazo mañanero
nunca pensé en aquel día
que se me iría como un sueño.

Pensando que era su dueña
le decía bajito a veces:
a ver si te haces mayor
para que en paz ya me dejes.

Hoy canto yo con dos ritmos,
tengo pena y alegría
y en mis pechos de madre
siento aún la leche tibia

Quiebra el cristal de mi copa
cuando le veo alejarse,
dentro de mi siento frío,
el dulce calor de una madre.

A ti, jovencita hermosa
disfrutando amor y flores
piensa en la frente marchita
que te cedió sus honores.

Dos caras con pelo gris
bajo pañuelos de seda
van con paso vacilante,
comparten la misma pena.

Tristes, casi resignadas,
por lo que les han quitado
ternura, besos y amor
de sus hijos muy amados.

Por amplio sendero
caminan hacia el final
y pedían por derecho
su última voluntad.

Campanas está doblando
sonando que el aire espantan
y ese hijo llegó tarde
con su armadura de plata.

Todas las madres merecen
gran respeto, por favor,
que nadie mate el recuerdo
de aquel parto con dolor
vivido días y noches,
compensado con amor.

Basi Cascón

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