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UN POETA DE VILLORIA

EL RINCÓN DE LA POESÍA


UN POETA DE VILLORIA
SIGIFREDO MARÍA CASCÓN.

Sigi, para los amigos, nació en Villoria el día 4 de Diciembre de 1937. Hijo de Julián María Cabo (+) y de Melitina Cascón Araujo- que cuenta en la actualidad con 97 años-.
Florencio, Aladina, Angel (Jose), Hipólito (Polito), Juliana, Valentín (Valen) y Juan Antonio ( Juani), son sus siete hermanos, ocupando él el segundo lugar, detrás de Florencio, en esta amplia familia.
Como nos indica el año de su nacimiento, nació en plena guerra civil, por lo que su infancia fue un poco difícil, tocándole trabajar desde su niñez. Esto le llevó a ser uno de los primeros emigrantes. Salió del pueblo muy jovencito:estuvo en Barcelona, Francia, Suiza y Holanda. En este último país conoció a la mujer de su vida: una gallega que le ha hecho muy feliz y le ha dado dos hijos ejemplares. También estuvo en Sidi Ifni cuando ésta era colonia española. Allí montó un pequeño negocio que tuvo que abandonar sin ningún tipo de indemnización cuando España la entregó a Marruecos. Por último, se estableció definitivamente en la tierra natal de su mujer: Vigo, donde fue conductor de autobuses durante 30 años.
Es un enamorado de Villoria y , en particular, de los parajes de Río Lobos, donde pasó ratos inolvidables durante su niñez. Gran persona ,amigos de sus amigos y querido por todos, siempre que puede se da una escapada a este pueblo que tanto quiere y tanto añora.
Estos son algunos de los datos biográficos que, a petición de Besana, nos han enviado alguno de sus familiares de Villoria. A nosotros nos queda algo más que añadir. Tenemos en nuestra página una sección dedicada a cultura y educación; en ella hay un apartado reservado expresamente a la poesía. En él ya hemos hecho mención a grandes y célebres poetas: Hernández, Machado y Lorca, pero creemos que este es un buen momento para que aparezca alguien que,seguramente,no haya editado ningún libro, que no es famoso, que no llegará a ser ninguna leyenda, pero que para nosotros es un ser muy cercano, que nos ha emocionado con su poesía y que nos ha llegado al corazón con esas líneas que con frecuencia enviaba a nuestra revista en su primera etapa.
El nunca renegó de sus orígenes y llevaba a gala ser de “pueblo”, como lo demuestran estas frases extraídas de una de sus colaboraciones en el nº 10 de Besana:
“Yo siempre he presumido ser de pueblo, por eso cuando he oído en plan insultante esa frase: eres más de campo que una amapola, he pensado para mí, cuan ignorante es el que la pronuncia, porque ignora que el campo es verde, color de la esperanza, porque sin esperanza no hay vida, y sin sangre eres un ser muerto.” Decidme si esto no es el mejor elogio para la gente de pueblo, de nuestro pueblo, que para eso el nació en Villoria y aunque sus años aquí fueron muy duros nunca renegó de sus raíces.
Fueron muchas las poesías y alguna carta las que Sigi envió a Besana. Nos gustaría ponerlas todas para que la gente que no las tiene en su poder pudiera disfrutar con ellas. Tal vez alguien se anime y las recopile en ese libro que todos estaríamos encantados de tener en nuestra manos. Un poema como muestra: habla de una Villoria triste por la sangre derramada de varios de sus hijos en tres días de triste recuerdo.

TRES TRISTES TARDES:

Tiempo que te vas
dejando recuerdos.
¡Oh, pueblo que afliges
y lloras la falta
de aquellos que tanto quisiste!

¡Oh tardes traidoras!
Tres, tres fuisteis,
dos de tórrido verano,
otra de frío invierno.
Las tres, las tres en las carnes
A mi pueblo heristeis.

Cisma de aquel año
que en mi pueblo entraste.
Los fusiles sonaron
y unos incautos a unos inocentes
mataron.

Olvidar mi pueblo quisiera
la inocente sangre
de la primera tarde.

¡Oh cabaña que acobijabas
de la era los trastes!
el barril del agua,
la horca, el rastrillo,
herramientas base…
refugio mortal fuiste.

Un rayo traidor
te arrancó de base,
te convirtió en cenizas
y otros hijos tuyos,
vertieron su sangre,
y fue otra tarde.

Invierno pasado,
El viento con olor a muerte
corrió por la calle,
y el negro asfalto
se tiñó de sangre.

Y otros hijos tuyos
otra vez son mártires,
otra triste tarde.

¡Oh pueblo,
tres son los clavos
clavados en tus carnes!
Haz que el tiempo vaya borrando
las duras cicatrices
que en tu cuerpo ha marcado.

¡No llores, ríe,
porque la primavera florece
en todos los campos,
y borrando el recuerdo
del frío invierno en ella,
¡hasta florecen los cardos!

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